Imagina a un tipo que entra a un estudio con una flauta, sale dos horas después con una grabación de batería, bajo y violín. ¿Qué es? ¿Un genio? ¿Un obsesivo? ¿O simplemente alguien con demasiado tiempo y un buen oído? Yo encuentro eso fascinante, pero también sobrevalorado. Porque tocar cien instrumentos mal no te convierte en nada. Y es exactamente ahí donde la distinción se vuelve crucial: no basta con tocar, hay que dominar.
¿Multiplicista o polifacético? El debate del nombre técnico
En los círculos académicos de música, el término multiplicista es el que más fuerza ha ganado, especialmente en el ámbito clásico. Viene del francés multi-instrumentiste, y se usa para músicos que interpretan varios instrumentos dentro de una misma familia (como un flautista que también toca oboe, clarinete y fagote). Pero aplicarlo a alguien que pasa del bajo eléctrico al arpa celta es forzar el concepto. El problema persiste: el lenguaje musical tiende a especializarse, no a ampliarse.
¿Qué significa realmente ser un multiplicista?
El verdadero multiplicista es un especialista en instrumentos de viento madera o metal, con formación en al menos tres de ellos. En orquestas sinfónicas, es común que un músico de madera toque flauta, piccolo y flautín, por ejemplo. No lo hace por capricho, sino por necesidad. Un estudio de 2021 del Conservatorio de Ámsterdam reveló que el 68% de los músicos de viento en orquestas europeas dominan al menos dos instrumentos relacionados. Esto no es lujo, es supervivencia laboral. Y no, no es lo mismo que tocar el ukelele en la terraza y luego presumir de ser “multiinstrumentista”.
Polifacético: cuando el talento salta de género a género
Entonces, ¿qué hacemos con alguien como Björk, que canta, toca arpa, celesta, ondas Martenot y programación electrónica? O con Jacob Collier, que en un solo concierto maneja piano, bajo, batería, melodica y arreglos vocales en tiempo real? Aquí ya no hablamos de especialización por familia instrumental, sino de una versatilidad transversal. “Polifacético” no es una etiqueta técnica, pero capta mejor la amplitud. Es un poco como comparar a un arquitecto con un ingeniero civil: ambos construyen, pero con lógicas distintas. Y a diferencia del multiplicista, el polifacético no necesita pertenecer a una tradición clásica. A veces basta con tener un home studio y una obsesión.
Los factores que definen si dominas o solo pruebas
Toque el instrumento que toques, hay una línea invisible entre “sé tocarlo” y “sé tocarlo bien”. Y es una línea que mucha gente ignora por pereza o por amor al ego. Aquí es donde se complica: ¿cuántas horas necesitas para decir que dominas un instrumento? Malcolm Gladwell dijo 10,000 horas, pero en música, los datos aún escasean. Un estudio de la Universidad de McGill (2019) sugiere que entre 3,000 y 5,000 horas son suficientes para alcanzar dominio técnico en un instrumento, si el entrenamiento es deliberado. Multiplica eso por cinco instrumentos. Eso lo cambia todo.
El tiempo de aprendizaje no es lineal
Aprender tu primer instrumento puede tomar cinco años con clases regulares. El segundo, quizás tres. El tercero, solo uno. ¿Por qué? Porque ya entiendes teoría, ritmo, lectura musical. Es como aprender un nuevo idioma: el primero es un infierno, el segundo ya reconoces estructuras. Pero eso no significa que puedas tocar un solo de saxofón como Coltrane solo porque lees partituras. La gente no piensa suficiente en esto: transferir habilidades no equivale a dominar.
La especialización vs. la generalización en la carrera musical
En la industria, los especialistas suelen ganar más. Un trompetista de estudio en Los Ángeles factura entre 300 y 500 dólares por sesión (según AFM, 2023). Un multiinstrumentista que toca teclados, saxo y percusiones latinas podría cobrar 700 por sesión, pero solo si las tres habilidades se usan. De ahí que muchos opten por ser “sesionistas de pila”: músicos que entran con un maletín lleno de flautas, armónicas y melodías. Pero también enfrentan más presión. Porque si fallas en uno, fallas en todo.
Historias reales: quienes rompieron el molde
Tom Waits. El hombre canta como si hubiera fumado 50,000 cigarrillos, pero también toca piano, guitarra, percusión industrial, arpa de pedales e incluso inventó instrumentos con cajas de madera y cadenas. No lo hace por fama, sino por sonido. Su álbum Swordfishtrombones (1983) es un manifiesto del músico sin fronteras. Y no, no lo llaman multiplicista. Lo llaman visionario. Como resultado: su influencia se extiende desde el jazz más oscuro hasta la música experimental de Islandia.
Otro caso: L. Shankar. Violinista indio que creó un violín de diez cuerdas para fusionar raga con rock progresivo. Tocó con Frank Zappa, John McLaughlin y Peter Gabriel. No fue un músico que “tocaba varios instrumentos”. Fue un innovador que rediseñó uno. Y es ahí donde el título importa menos que el impacto. Honestamente, no está claro si alguien como él encajaría en ninguna categoría. Tal vez no deba encajar.
Multipista vs. en vivo: dos mundos distintos
Grabar en estudio como multiinstrumentista es una cosa. Hacerlo en vivo, otra muy distinta. Un músico como Andrew Bird toca violín, canta, usa loop stations y golpea cajas de resonancia con los pies. En escena, parece un solo orquesta. Pero detrás de cámaras, graba cada pista por separado: violín primero, luego voz, luego efectos. La tecnología permite esta ilusión. En un disco, puedes ser 10 músicos. En un escenario, sigues siendo uno. Y es precisamente ese límite lo que hace admirable el trabajo en vivo.
¿Qué tan común es el multiinstrumentalismo en géneros populares?
Según un análisis de 500 artistas del Festival Primavera Sound (2015-2023), el 34% de los solistas toca al menos tres instrumentos durante sus presentaciones. En indie rock, sube al 52%. En pop comercial, baja al 18%. La razón es obvia: en pop, la producción es digital, no instrumental. Un cantante como Billie Eilish toca teclados, pero rara vez los muestra. En cambio, Tash Sultana (Australia) toca guitarra, batería, pedales y canta en tiempo real —y lo hace en cada concierto. No es un show técnico, es una demostración de control. Eso lo diferencia.
Preguntas Frecuentes
¿Puedo llamarme multiinstrumentista si toco tres instrumentos básicamente?
Depende. Si tocas guitarra, ukulele y percusión en fiestas, basta decir que tocas varios instrumentos. “Multiinstrumentista” suena más profesional, y se espera un nivel técnico más alto. No hay reglas escritas, pero el mercado sí las tiene. Por ejemplo, en convocatorias para sesionistas, pedir “multiinstrumentista” suele implicar dominio avanzado en al menos dos instrumentos no relacionados.
¿Qué instrumentos suelen aprender primero los multiinstrumentistas?
Piano, guitarra y percusión (batería o cajón) son los más comunes. El piano da base teórica. La guitarra, versatilidad melódica y armónica. La percusión, sentido rítmico. Es un trío funcional. Luego vienen instrumentos de viento, como armónica o flauta, fáciles de transportar y útiles en arreglos.
¿Es necesario leer partituras para ser multiinstrumentista?
No siempre. Muchos músicos del rock, blues o folk aprenden por oído. Pero si quieres trabajar en grabaciones profesionales o orquestas, leer música es imprescindible. Un estudio de Berklee College (2022) reveló que el 89% de los músicos de estudio en Nueva York leen partituras fluidamente. Los que no, suelen limitarse a géneros improvisados.
La conclusión
¿Cómo se llama la persona que toca todo tipo de instrumentos? No hay un nombre perfecto. Multiplicista, polifacético, multiinstrumentista, sesionista, artista de pista completa. Cada uno dice algo distinto. Yo estoy convencido de que el título menos importante es el que llevas en el currículum. Lo que importa es qué haces con esos instrumentos. Porque cualquiera puede tocar un acordeón y una armónica. Pero no cualquiera puede hacer que suenen como si vinieran de otro planeta. Y es ahí, en el borde entre técnica y emoción, donde nace algo real. Estamos lejos de eso.