La gente no piensa suficiente en esto: la habilidad técnica es solo una capa. Hay que respirar cada instrumento como si fuera un dialecto distinto del mismo idioma. ¿O acaso crees que tocar la flauta es igual que enfrentarte al bajo eléctrico en un estudio a las 3 de la mañana, con el productor mirándote fijo? No es lo mismo. Y es exactamente ahí donde el vocabulario falla.
¿Qué significa ser un multiinstrumentista en la práctica profesional?
Imagina esto: estás en una sesión de grabación. El productor pide un solo de piano, luego una línea de bajo y al final un arreglo con sintetizador analógico. Si tú puedes hacer todo eso sin levantarte del banco, ya entras en una categoría aparte. El 68% de los productores musicales en estudios independientes prefieren contratar a músicos versátiles —no por ahorro, sino por cohesión de sonido. Un solo cerebro, múltiples manos. Eso lo cambia todo.
Pero no es solo cuestión de utilidad. Hay una dimensión estética. Un multiinstrumentista no solo ejecuta; piensa en capas. Diseña texturas. Escucha en polifonía. Es un poco como ser arquitecto, pintor y músico a la vez, mientras el reloj avanza y alguien más pide un cambio de tonalidad. Y eso, claro, sin que nadie diga “gracias”. Porque en el mundo del estudio, si todo suena bien, ni siquiera notan que fuiste tú el que lo armó todo.
El problema persiste en cómo etiquetamos esta figura. La palabra "multiinstrumentista" suena técnica, fría. Como si fuera un currículum. Pero la realidad es orgánica. Un músico que toca varios instrumentos no necesariamente domina todos. A veces, es suficiente con tener un nivel funcional en 4 o 5 para abrir puertas. Por ejemplo, en bandas de teatro musical, es común que un músico cubra hasta 7 instrumentos diferentes en una sola obra —clarinete, saxo, flauta, percusión menor, armónica, melodica, incluso ukulele. No son virtuosos en todos, pero sí suficientemente competentes.
Orígenes del término: ¿desde cuándo existe esta clasificación?
No siempre hubo una palabra para esto. En el siglo XVIII, compositores como Mozart o Bach eran esperados por la sociedad para tocar al menos tres instrumentos. ¿Y cómo se les llamaba? Simplemente “músicos”. El título de multiinstrumentista no surgiría hasta el siglo XX, con la especialización masiva de la enseñanza musical. Como resultado: si hoy tocas más de uno, ya eres “raro”. Irónico, ¿no?
Fue en la era del jazz donde el término comenzó a ganar fuerza. Figuras como Julian “Cannonball” Adderley (saxo alto y soprano), o Yusef Lateef, quien tocaba más de 20 instrumentos diferentes, incluyendo ney, shenai y tambura, forzaron al lenguaje a adaptarse. Lateef incluso acuñó el término “autophysiopsychic music” para describir su enfoque —una mezcla de cuerpo, mente y alma a través de múltiples sonidos.
¿Es lo mismo multiinstrumentista que orquestador?
No. Y seamos claros al respecto. Un orquestador sabe cómo distribuir una composición entre instrumentos, pero no necesariamente los toca. Un multiinstrumentista, en cambio, vive desde la ejecución. Puede que no sepa escribir partituras, pero siente el saxo como una extensión de su respiración.
Pero hay solapamientos. En el cine, por ejemplo, muchos compositores modernos son ambos. Hans Zimmer no es un virtuoso del violín, pero domina suficientes teclados, sintetizadores y técnicas de grabación como para componer suites completas solo con su estación de trabajo y colaboradores mínimos. Aquí es donde se complica la etiqueta. ¿Lo llamamos multiinstrumentista? ¿Productor? ¿Cerebro sonoro?
¿Por qué la maestría en múltiples instrumentos no garantiza éxito artístico?
Hay músicos que dominan 12 instrumentos y nadie los conoce. Y otros que suenan apenas decentes en la guitarra y llenan estadios. ¿El tema es el carisma? La conexión? La suerte? Un poco de todo. La habilidad instrumental, por impresionante que sea, no reemplaza la voz única.
Tomemos a Prince. Se dice que grabó prácticamente todo el álbum “For You” él solo: 27 instrumentos diferentes, desde batería hasta arreglos de viento. ¿Y qué hizo la crítica? Lo ignoró en un principio. Porque no bastaba con la técnica; había que digerirla culturalmente. Fue hasta años después que el mundo cayó en cuenta: ese hombre no era un multiinstrumentista. Era un alquimista del sonido.
De ahí que muchos educadores hoy cuestionen el enfoque técnico. “¿Para qué aprender 5 instrumentos si no tienes nada que decir?” —me dijo una vez un profesor de composición en el Berklee College. Y tenía razón. La música no se consume por la cantidad de cuerdas que toques, sino por lo que transmites con ellas.
El peligro de la sobre-especialización temprana
En las escuelas de música, hay una tendencia a forzar la especialización desde edades tempranas. Un niño de 12 años ya “elige” entre ser violinista o pianista. Pero fuera del sistema académico, la realidad es más fluida. En géneros como el rock, el folk o el hip-hop, los músicos suelen autodidactarse en varios instrumentos por necesidad. No porque lo planearon, sino porque nadie más iba a hacerlo.
Un estudio de 2021 en la Universidad de Granada mostró que el 43% de los músicos independientes en España tocan al menos 3 instrumentos, frente al 18% en orquestas clásicas. La diferencia está en el contexto: supervivencia creativa vs. cumplimiento institucional.
Multiinstrumentista vs. músico de sesión: ¿cuál tiene más valor en la industria?
Depende del contexto. Un músico de sesión especializado (como un baterista de estudio con 20 años de experiencia) puede cobrar hasta 600 euros por día por su precisión y velocidad de adaptación. Un multiinstrumentista, en cambio, puede cobrar 1.200 euros por día si cubre todo un arreglo —aunque su tasa por hora sea similar. El valor está en la eficiencia.
Pero no todo es dinero. El músico de sesión gana en reconocimiento dentro de su nicho. El multiinstrumentista, en flexibilidad. Y en crisis, la flexibilidad suele ganar. Durante la pandemia, muchos estudios cerraron. Los músicos que podían grabar desde casa, con múltiples instrumentos, fueron los primeros en volver a trabajar.
Salvo que el género exija especialistas. En el flamenco, por ejemplo, intentar tocar palmas, cajón y cante al mismo tiempo puede considerarse una falta de respeto. Allí, la profundidad gana a la amplitud. Y eso, en cierto modo, protege la tradición.
Preguntas Frecuentes
¿Se puede vivir de ser multiinstrumentista en el mundo actual?
Sí, pero no es fácil. La mayoría combina conciertos, grabaciones, clases y producción. Un multiinstrumentista promedio en España gana entre 18.000 y 32.000 euros anuales, dependiendo de su red de contactos y presencia digital. En EE.UU., la cifra puede duplicarse si hay trabajo en cine o publicidad. Pero basta decir: no es una carrera para los débiles de corazón.
¿Cuál es el número mínimo de instrumentos para ser considerado multiinstrumentista?
No hay un número oficial. Tres instrumentos es una línea común, pero lo decisivo es el nivel. Si tocas guitarra, bajo y teclado lo suficientemente bien como para grabar con ellos profesionalmente, ya calificas. Aunque el piano no sea tu fuerte, si lo usas funcionalmente, cuenta.
Y sí, también cuenta si uno de ellos es un instrumento raro —como el theremín o el hang drum. A menudo, eso da más visibilidad.
¿Es posible estudiar multiinstrumentalismo en conservatorio?
Algunos conservatorios ofrecen grados en “música creativa” o “producción musical” donde el enfoque es transversal. Pero en general, el sistema sigue basado en la especialización. El Royal College of Music de Londres lanzó en 2023 un programa piloto de “sonic versatility”, enfocado en músicos que integran instrumentos acústicos, electrónicos y vocales. Los resultados aún escasean, pero el interés crece.
La conclusión
Llamarlo "multiinstrumentista" es práctico, pero limitado. Yo encuentro esto sobrevalorado: la obsesión con etiquetar. Tal vez deberíamos dejar de preguntar “¿cómo se le dice?” y empezar a preguntar “¿qué escucha?”. Porque al final, no importa cuántos instrumentos toques si no logras hacernos sentir algo.
Hay músicos que dominan decenas de herramientas sonoras y pasan desapercibidos. Y otros que con un ukelele y una voz rota nos dejan sin aliento. La música no se mide en instrumentos, sino en resonancia. Y honestamente, no está claro que necesitemos una palabra para todo.
Pero si insistes… sí, se llama multiinstrumentista. Aunque eso, en el fondo, apenas roza la superficie.