La arquitectura del género en la lengua de Cervantes
El origen del masculino genérico
Para entender este embrollo, hay que retroceder hasta la raíz misma del latín y cómo el castellano fue simplificando sus estructuras hasta dejar el masculino como el género no marcado. Esto significa que, históricamente, cuando decimos "los mexicanos", la lengua asume que estamos barriendo a toda la población bajo una misma alfombra semántica. Pero aquí es donde se complica el asunto. Esta economía del lenguaje, que la Real Academia Española (RAE) defiende a capa y espada, no es una ley física inmutable sino una convención que hoy choca frontalmente con la percepción de miles de hablantes que ya no se sienten representados por una terminación en "o".
¿Economía lingüística o invisibilización deliberada?
La norma nos dice que duplicar es redundante. Es decir, que decir "mexicanos y mexicanas" es un gasto de saliva innecesario porque la primera palabra ya hace el trabajo de ambas. Sin embargo, yo sostengo que la lengua no es solo un sistema de ahorro de energía, sino un reflejo de quién tiene el poder de nombrar. ¿Por qué nos molesta tanto añadir tres sílabas si eso garantiza que el 51.2 por ciento de la población, que son mujeres según el último censo del INEGI en 2020, se sienta interpelada? El lenguaje es un organismo vivo que respira, suda y, a veces, necesita cambiar de ropa para no quedarse pequeño ante los estirones de la sociedad actual.
El pulso técnico: Lo que dicen los manuales frente a la pragmática
La postura de la RAE y la ASALE
Si abres el Diccionario Panhispánico de Dudas, te encontrarás con una negativa rotunda a las duplicaciones sistemáticas. La academia argumenta que el uso de "mexicanos y mexicanas" es artificioso y que, a la larga, dificulta la lectura y la oratoria fluida. Pero seamos claros: la RAE no es la policía del pensamiento, sino una notaría que registra cómo hablamos. Es curioso que se acepten términos como "cederrón" o "güisqui" con tanta rapidez y se pongan tantas trabas a una estructura que millones de personas usan a diario por una convicción de justicia social. ¿No es acaso la función del lenguaje facilitar la comunicación efectiva entre los miembros de una comunidad?
El contexto como juez supremo de la corrección
No es lo mismo escribir un ensayo técnico sobre demografía que dar un discurso en el Zócalo ante una multitud diversa. En la pragmática lingüística, el contexto manda. Porque la lengua tiene niveles. Si un presidente o presidenta inicia un mensaje con un "mexicanos y mexicanas", no está cometiendo un pecado lingüístico, está utilizando una herramienta de conexión emocional y política que el masculino genérico ha perdido por puro desgaste. Esa duplicación funciona como un foco: ilumina rincones que el lenguaje estándar prefiere dejar en la penumbra. Y eso, nos guste o no a los puristas, tiene una validez comunicativa que ninguna regla de 1713 puede anular por decreto.
La trampa de la gramática pura
Muchos detractores se refugian en la pureza de la estructura, pero la gramática nunca ha sido pura, ha sido útil. El sistema de género en español es binario por herencia, pero la evolución social nos está empujando a cuestionar si esa binaridad es suficiente. ¿Es correcto decir mexicanos y mexicanas? Si el objetivo es que nadie se quede fuera de la foto, entonces es más que correcto: es necesario. Estamos lejos de alcanzar un consenso total, pero el simple hecho de que estemos discutiendo esto demuestra que el masculino genérico ya no es esa armadura perfecta que no dejaba pasar ni una gota de duda.
La evolución del discurso público en México
De la transición democrática al lenguaje incluyente
En el panorama mexicano, el salto hacia esta forma de hablar no ocurrió de la noche a mañana. Fue durante las últimas dos décadas cuando las instituciones empezaron a adoptar manuales de comunicación no sexista, tratando de equilibrar una balanza que históricamente estaba inclinada hacia un solo lado. No es un capricho de cuatro personas en una oficina; es una respuesta a tratados internacionales como la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Aquí es donde la gramática se da la mano con el derecho, y a veces, se pisan los pies en el baile. Pero el resultado es un discurso público mucho más consciente de su impacto en la identidad nacional.
Cifras que obligan a repensar el vocabulario
Si consideramos que en México hay aproximadamente 64.5 millones de mujeres, ignorar su presencia específica en el discurso parece, cuanto menos, un error de cálculo social. El uso de "mexicanos y mexicanas" ha permeado tanto que ya no suena extraño al oído medio. Pero, y aquí viene el matiz que contradice la sabiduría convencional, no por mucho duplicar se legisla mejor. Hay una suerte de hipocresía lingüística donde muchos políticos usan la duplicación como un escudo de modernidad mientras sus acciones siguen ancladas en estructuras profundamente desiguales. El lenguaje puede ser el primer paso, pero si se queda en el aire sin respaldo real, acaba siendo solo ruido gramatical.
Alternativas y el dilema de la economía contra la visibilidad
La economía del lenguaje vs. la precisión política
El argumento del ahorro lingüístico es el favorito de quienes ven en el lenguaje incluyente una pérdida de tiempo. Dicen que si seguimos duplicando todo, los libros serán el doble de largos y las conversaciones se volverán eternas. Pero, seamos honestos, perdemos mucho más tiempo en burocracias inútiles que añadiendo una palabra de cuatro sílabas para reconocer a la mitad de la población. La tensión entre ser breves y ser precisos es constante en cualquier idioma. En el caso de ¿Es correcto decir mexicanos y mexicanas?, la precisión política ha ganado la batalla en los espacios de poder, aunque en la mesa de la cocina sigamos usando el masculino por inercia y comodidad.
¿Existen terceras vías viables?
Más allá de la duplicación, han surgido opciones como el uso de colectivos. En lugar de decir "mexicanos y mexicanas", se puede optar por "la población mexicana" o "el pueblo de México". Estas formas son elegantes, respetan la gramática tradicional y cumplen con el objetivo de no excluir. Sin embargo, carecen de la fuerza reivindicativa que tiene el nombrar explícitamente a ambos sexos. El lenguaje es una herramienta de lucha y, a veces, la elegancia tiene que ceder el paso a la contundencia. Eso lo cambia todo. No buscamos solo que la frase suene bien, buscamos que la frase haga algo en la cabeza de quien la escucha, que rompa la idea de que lo masculino es la medida de todas las cosas.
Errores comunes o ideas falsas sobre el desdoblamiento
Muchos caen en la trampa de creer que el uso de mexicanos y mexicanas es una invención caprichosa de hace dos días. Mentira. El problema es que confundimos la norma académica con la realidad viva del habla, olvidando que la lengua no es un bloque de granito inamovible custodiado por señores con peluca. Existe la falsa noción de que el masculino genérico es inclusivo por derecho divino. Sin embargo, diversos estudios de psicolingüística demuestran que, ante términos masculinos, el cerebro humano tiende a evocar imágenes de varones en un 70% de los casos, ignorando sistemáticamente a la otra mitad de la población.
La supuesta economía del lenguaje
Seamos claros: el argumento del ahorro de saliva es una excusa barata. ¿De verdad nos falta tiempo para pronunciar cuatro sílabas extra mientras perdemos horas haciendo scroll en el móvil? La economía lingüística existe, pero no debería aplicarse para borrar identidades. Pero resulta que cuando se trata de nombrar profesiones históricamente feminizadas, a nadie le duele la boca decir las enfermeras aunque haya tres hombres en el grupo. La coherencia brilla por su ausencia. El uso de mexicanos y mexicanas no rompe el sistema; simplemente lo estira para que quepamos todos sin empujarnos.
El pánico a la fragmentación gramatical
Hay quien vaticina el fin de la civilización porque alguien decidió desdoblar un sustantivo en un discurso oficial. Argumentan que si permitimos esto, pronto tendremos que declinar hasta los artículos neutros. ¡Vaya drama! (Ni que estuviéramos inventando el sánscrito). La realidad es que la lengua española ha sobrevivido a invasiones, colonizaciones y cambios de siglo sin inmutarse por un par de vocales añadidas por cortesía política. Salvo que alguien demuestre que el desdoblamiento causa ceguera o llagas, la estructura del idioma sigue intacta en sus cimientos más profundos.
Aspecto poco conocido o consejo experto
Si quieres dominar esta herramienta sin parecer un robot leyendo un manual de instrucciones, el truco está en la alternancia táctica. No satures. El consejo experto es simple: utiliza el desdoblamiento en el saludo y en el cierre para marcar territorio ético, y recurre a sustantivos colectivos o abstractos en el núcleo del mensaje. En lugar de repetir mexicanos y mexicanas hasta la náusea, usa la ciudadanía, el pueblo de México o la comunidad nacional. Esto no solo te da elegancia, sino que evita que tu texto parezca un telegrama de la época de la Revolución.
La visibilidad como estrategia de impacto
¿Sabías que en contextos de marketing y política, el uso de mexicanos y mexicanas incrementa el engagement femenino hasta en un 15% según métricas de comunicación persuasiva? No es solo una cuestión de quedar bien. Es una cuestión de eficacia. Si hablas a una audiencia diversa y solo usas el masculino, estás dejando dinero —o votos— sobre la mesa. La precisión es poder. Nombrar a las mujeres explícitamente rompe la inercia del silencio y genera un vínculo de pertenencia que el frío genérico masculino jamás podrá emular por sí solo.
Preguntas Frecuentes
¿Es obligatorio usar mexicanos y mexicanas en documentos oficiales?
Legalmente, la Constitución Mexicana y diversas leyes de igualdad promueven el lenguaje no sexista, aunque no existe una sanción penal por no hacerlo. En la práctica administrativa, el 90% de las dependencias federales ya incorporan manuales de comunicación incluyente para evitar sesgos de género. El uso de mexicanos y mexicanas se ha convertido en un estándar de facto en la redacción de actas, convocatorias y discursos presidenciales desde principios del siglo XXI. Ignorar esta tendencia es, simplemente, quedarse fuera de la conversación institucional moderna.
¿Qué dice la RAE sobre este tipo de desdoblamientos léxicos?
La Real Academia Española sostiene que el masculino gramatical ya incluye a las mujeres, calificando el desdoblamiento de artificioso e innecesario cuando el contexto es claro. A pesar de esto, la propia institución reconoce en sus informes de 2020 que el uso político y social de estas formas es una realidad imparable en todo el ámbito hispanohablante. No es una falta de ortografía, sino una elección estilística que choca con la norma tradicional de economía. Al final, la RAE registra el uso, no lo prohíbe con fuerza de ley, dejando la decisión final en manos del hablante.
¿Afecta esto a la comprensión lectora de los niños en las escuelas?
Las investigaciones pedagógicas actuales indican que los niños de entre 6 y 12 años procesan el uso de mexicanos y mexicanas sin ninguna dificultad cognitiva añadida. De hecho, la exposición a formas desdobladas fomenta una visión más equitativa del mundo laboral y social desde la infancia temprana. Y lo más curioso es que los menores que aprenden con estos modelos muestran una mayor capacidad de abstracción al identificar categorías humanas generales. No hay evidencia de que el desdoblamiento cause retraso en el aprendizaje o confusión en la sintaxis básica de los estudiantes.
Sintesis comprometida
Basta de tibiezas gramaticales: nombrar a las mujeres no es un error, es un acto de justicia histórica que la lengua debe abrazar sin miedos. El uso de mexicanos y mexicanas no va a destruir el español, pero sí va a destruir la invisibilidad de millones de ciudadanas que sostienen este país. Quien se aferra al masculino genérico como única verdad suele esconder un pavor irracional al cambio social más que un amor puro por la sintaxis. Nosotros debemos elegir entre ser guardianes de un museo de palabras muertas o motores de una lengua que respire y represente a su gente. La gramática está al servicio de la sociedad y no al revés; por eso, si para que alguien se sienta incluido hay que repetir una palabra, se repite y punto. El futuro de nuestra comunicación es paritario o no será, porque lo que no se nombra, simplemente termina por marchitarse en el olvido.
