La raíz del conflicto: ¿Economía del lenguaje o visibilidad social?
Desde que la RAE publicó su famoso informe sobre el lenguaje inclusivo hace ya unos años, la batalla campal no ha cesado en redes sociales y academias. La economía del lenguaje es un principio que postula que los humanos tendemos a comunicar lo máximo con el mínimo esfuerzo posible. Pero, ¿qué pasa cuando ese ahorro oculta una realidad que queremos subrayar? Yo creo, honestamente, que nos hemos obsesionado con la eficiencia técnica olvidando que las palabras son, ante todo, símbolos de poder. Porque si algo hemos aprendido en la última década es que lo que no se nombra parece no existir, aunque esté justo delante de nuestras narices. No es lo mismo dirigirse a un auditorio lleno de profesionales diciendo "bienvenidos todos" que hacer la pausa consciente para incluir a las mujeres presentes.
El género gramatical vs. el género biográfico
A menudo confundimos el género de las palabras con el sexo de las personas, y ese es el primer bache en el que caemos todos. En español, el género es una categoría gramatical arbitraria. Una silla es femenina y un sillón es masculino, sin que medie ninguna característica biológica en el mueble. Sin embargo, cuando saltamos a los seres animados, la cosa cambia de color radicalmente. El masculino genérico ha funcionado como un paraguas durante más de 1000 años, acogiendo a hombres y mujeres bajo una misma terminación. Pero eso lo cambia todo cuando la sociedad decide que ese paraguas ya no es suficiente para cubrir a todo el mundo por igual. ¿Estamos ante un capricho o ante una necesidad evolutiva?
La postura de las instituciones frente al uso de los y las
Las instituciones académicas, con la RAE a la cabeza, mantienen que ¿Es correcto decir los y las? solo es aceptable cuando el contexto no deja claro que el masculino incluye a ambos sexos. Es decir, si dices "los alumnos", se entiende que hay chicos y chicas. Solo si hubiera riesgo de confusión deberías desdoblar. Sin embargo, estamos lejos de eso en el uso administrativo cotidiano. Solo hay que ver los boletines oficiales del Estado o los discursos políticos de los últimos 15 años para notar que el desdoblamiento se ha convertido en una norma de cortesía, casi una etiqueta obligatoria para evitar ser señalado como excluyente.
Análisis técnico: El funcionamiento del masculino inclusivo
Para entender el meollo del asunto, hay que mirar bajo el capó de la gramática estructural. El masculino en español no es solo el género de los hombres, sino el género no marcado. Esto significa que es el término neutral por defecto. Pero la gramática no es una ciencia exacta como la física; es más bien un acuerdo social que firmamos cada vez que abrimos la boca para hablar. Si mañana el 90 por ciento de la población decide que "las" es el género no marcado, la gramática tendrá que arrodillarse ante la realidad del uso. Las reglas no dictan cómo hablamos, sino que recogen cómo hemos decidido hablar.
La ambigüedad referencial y el sesgo cognitivo
Varios estudios de psicolingüística han demostrado que, aunque gramaticalmente el masculino debería ser inclusivo, nuestro cerebro no siempre lo procesa así de inmediato. Al escuchar "los científicos", muchas personas visualizan automáticamente a un grupo de hombres con bata blanca. Aquí es donde la repetición de ¿Es correcto decir los y las? cobra un valor pragmático que va más allá de la corrección puramente teórica. Si el objetivo de la comunicación es que el receptor reciba el mensaje exacto que el emisor desea, el desdoblamiento elimina cualquier sombra de duda sobre quiénes están incluidos en la frase.
La regla de la concordancia y el caos sintáctico
Uno de los mayores problemas técnicos de usar sistemáticamente "los y las" es la pesadilla de la concordancia que se genera después. Si decimos "los y las profesores están preparados", ¿qué hacemos con el adjetivo? ¿Debemos decir "preparados y preparadas"? Si lo hacemos, la frase se estira como un chicle hasta volverse inmanejable. Pero si no lo hacemos, el desdoblamiento inicial queda huérfano y parece una concesión a medias que no termina de solucionar el problema de fondo. Es un equilibrio precario que requiere una agilidad mental que no siempre tenemos en una conversación fluida de café.
La evolución del discurso público y la presión social
No podemos ignorar que la lengua es un campo de batalla político. El uso de ¿Es correcto decir los y las? se ha transformado en un código de pertenencia ideológica. Seamos francos: hoy en día, usar o no el desdoblamiento sitúa al hablante en un espectro social determinado antes incluso de que termine su primera frase. Es fascinante cómo un simple artículo plural puede decir más de nuestras preferencias políticas que un discurso de media hora. Estamos ante un fenómeno donde la norma lingüística choca frontalmente con la identidad personal, y en ese choque siempre saltan chispas.
El espejo de otras lenguas romances
Si echamos un vistazo a nuestros vecinos, el panorama es bastante similar. En francés o en italiano, la polémica sobre el lenguaje inclusivo está igual de encendida. No somos un caso aislado en esta crisis de identidad gramatical. En Francia, por ejemplo, el debate sobre el punto medio (un punto que se inserta dentro de la palabra para incluir ambos géneros) ha llegado hasta el Parlamento. Esto demuestra que la pregunta sobre si ¿Es correcto decir los y las? no es una manía de los hispanohablantes, sino un síntoma de una transformación global en la forma en que las sociedades modernas entienden la representación a través del habla.
Alternativas al desdoblamiento sistemático: El tercer camino
A veces parece que solo existen dos opciones: o somos unos puristas de la RAE o somos unos fanáticos del desdoblamiento constante. Pero existe una vía intermedia que suele ser mucho más elegante y efectiva. Me refiero al uso de términos colectivos o sustantivos epicenos que no tienen marca de género. En lugar de decir "los y las ciudadanos", podemos decir "la ciudadanía". En lugar de "los y las profesores", podemos optar por "el profesorado". Esta solución suele dejar satisfechos a casi todos, ya que respeta la economía del lenguaje sin invisibilizar a nadie. Pero, claro, esto requiere un esfuerzo léxico que no todo el mundo está dispuesto a hacer.
Sustantivos colectivos vs. desdoblamiento
La ventaja de los colectivos es que mantienen la fluidez del texto sin crear esas listas interminables de artículos. Es mucho más natural escribir "el personal médico" que "los médicos y las médicas". Sin embargo, el desdoblamiento sigue teniendo un impacto visual y auditivo mucho más fuerte cuando se quiere hacer una reivindicación explícita. A veces, la elegancia es el precio que pagamos por la claridad política. Pero no nos engañemos: abusar de la "ciudadanía" y el "profesorado" también puede acabar sonando a lenguaje burocrático y frío si no se maneja con cierta destreza literaria.
El uso estratégico de la cortesía
En el mundo real, fuera de los despachos de los académicos, solemos usar ¿Es correcto decir los y las? como una herramienta de cortesía selectiva. Lo usamos al principio de un discurso para saludar, "buenos días a todos y a todas", y luego volvemos al masculino genérico para el resto de la exposición por pura comodidad. Es una forma de decir "sé que estáis ahí, os reconozco" antes de pasar a la parte mollar del mensaje. Es una solución híbrida que, aunque no contenta a los teóricos de ninguno de los dos bandos, funciona razonablemente bien en la práctica diaria de millones de personas.
