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¿Cómo se escriben ambos sexos? Guía completa para dominar el lenguaje inclusivo sin morir en el intento

¿Cómo se escriben ambos sexos? Guía completa para dominar el lenguaje inclusivo sin morir en el intento

La eterna batalla entre la economía del lenguaje y la visibilidad

A ver, el tema es que el castellano es una lengua con género gramatical marcado, lo que históricamente ha simplificado la comunicación a costa de una invisibilidad que hoy muchos cuestionan. Pero no nos engañemos, la economía del lenguaje no es un invento de señores en sillones de terciopelo. Es un principio biológico. Gastar menos energía para decir lo mismo es lo que ha hecho que el latín evolucionara hasta lo que hablamos hoy en nuestras cenas familiares. Sin embargo, aquí es donde se complica la situación: la lengua no es solo un código de transmisión de datos, sino un reflejo de poder y de identidad social. Yo creo que reducir este debate a una simple norma ortográfica es ignorar la mitad de la película. Hay que entender que las palabras que elegimos construyen el mundo que habitamos, aunque a veces nos cueste un esfuerzo extra teclear unos cuantos caracteres más.

El principio de la generalización masculina

Tradicionalmente, el masculino ha funcionado como el género no marcado. Si hay 100 mujeres y 1 hombre en una sala, la gramática prescriptiva nos obliga a decir todos. ¿Es injusto? Quizá. ¿Es eficiente? Absolutamente. Este mecanismo permite que el sistema lingüístico no colapse bajo el peso de repeticiones infinitas que harían que leer un contrato legal fuera todavía más tortuoso de lo que ya es. Pero, seamos claros, esta convención está bajo asedio constante. El 45 por ciento de los manuales de estilo corporativos en España ya incluyen recomendaciones específicas para evitar el abuso del masculino genérico, buscando un equilibrio que no espante al lector tradicional ni excluya a las mujeres del discurso público.

Desarrollo técnico: El desdoblamiento como herramienta principal

Cuando nos preguntamos cómo se escriben ambos sexos, la primera opción que nos viene a la cabeza es el desdoblamiento expreso. Se trata de mencionar explícitamente a los ciudadanos y las ciudadanas o a los niños y las niñas. Es la forma más directa de asegurar que nadie se sienta fuera de la frase. Pero ojo, que esto tiene trampa. Si aplicas el desdoblamiento a cada sustantivo y adjetivo de un informe de 20 páginas, terminarás con un texto ilegible que nadie querrá terminar. Aquí la clave no es la saturación, sino la intención. ¿Es un discurso político? Desdobla. ¿Es una receta de cocina? Probablemente no haga falta.

Uso de la barra y el paréntesis

Esta es la solución de los perezosos o de quienes tienen poco espacio, como sucede en los formularios administrativos donde cada milímetro cuenta (literalmente). Escribir el/la interesado/a es un recurso viejo que, sinceramente, afea cualquier párrafo con aspiraciones literarias. Y es que el uso de signos gráficos no lingüísticos dentro de una palabra rompe el flujo de lectura de una manera casi agresiva. Según algunas encuestas de legibilidad, el uso excesivo de barras reduce la velocidad de comprensión en un 12 por ciento. Aun así, sigue siendo un estándar en documentos oficiales donde la precisión jurídica debe primar sobre la estética. Pero estamos lejos de eso si hablamos de redacción creativa o periodismo de calidad.

La llegada de la arroba y la equis

Aquí entramos en terreno pantanoso. El uso de la arroba o la equis surgió en entornos digitales y activistas hace un par de décadas para intentar borrar la marca de género por completo. Pero hay un problema insalvable: no se pueden pronunciar. Intentar leer un texto lleno de equis en voz alta es un ejercicio de fonética imposible que acaba sonando a código Morse. La RAE ha sido tajante al respecto, calificando estos usos como ajenos a la morfología del español. Y aunque su intención de neutralidad es loable, su practicidad en el día a día es nula. Si tu jefe te pide un informe serio, ni se te ocurra usar estos símbolos a menos que trabajes en un colectivo muy específico donde ese código sea la norma interna compartida.

Estrategias de neutralización léxica

Para evitar las repeticiones cansinas del desdoblamiento, existe una vía mucho más elegante que a menudo olvidamos: los sustantivos colectivos y los determinantes neutros. En lugar de decir los profesores y las profesoras, podemos decir el profesorado. Es limpio, es correcto y cumple con la misión de incluir a todo el mundo sin forzar la gramática. Esta técnica requiere un poco más de agilidad mental y un vocabulario más rico, pero los resultados son infinitamente superiores. Al final del día, se trata de ser un buen artesano de las palabras y no un simple repetidor de fórmulas precocinadas que solo sirven para rellenar espacio en la pantalla.

Sustantivos epicenos y nombres colectivos

Un nombre epiceno es aquel que tiene un solo género gramatical pero designa a individuos de ambos sexos, como la palabra persona o la palabra víctima. Utilizar estos términos es una jugada maestra para quien busca saber cómo se escriben ambos sexos de forma fluida. Si dices el personal de enfermería en lugar de los enfermeros y las enfermeras, estás siendo inclusivo sin que el lector note que estás haciendo un esfuerzo consciente por serlo. Y ese es el verdadero arte de la escritura profesional. La invisibilidad de la técnica es lo que separa a un redactor novato de un periodista con mil batallas a sus espaldas. Alrededor del 60 por ciento de los casos de desdoblamiento innecesario podrían resolverse usando un sustantivo colectivo bien elegido que mantenga la elegancia del párrafo original.

Comparativa de estilos según el contexto

No se escribe igual un tuit que una tesis doctoral sobre física cuántica. La adecuación es el principio sagrado de la comunicación. En redes sociales, la brevedad manda y a veces un simple todos es suficiente, o quizás un todxs si tu audiencia es joven y combativa. Sin embargo, en el ámbito jurídico, la ambigüedad puede costar miles de euros en multas o sentencias mal interpretadas. Por eso, en los textos legales se suele optar por fórmulas muy cerradas y conservadoras. Pero, ¿quién decide qué es lo correcto? La lengua es democrática por naturaleza, aunque a algunos les duela aceptarlo. Si la mayoría de la gente empieza a hablar de una forma determinada, los académicos acabarán sentados en su mesa de reuniones para ver cómo lo encajan en el diccionario, no al revés.

El peso de la normativa oficial

La RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española mantienen que el masculino genérico no es discriminatorio por sí mismo, sino una propiedad estructural del idioma. Para ellos, decir los ciudadanos ya incluye a las ciudadanas por definición gramatical. Pero hay un matiz que contradice la sabiduría convencional: el lenguaje no es estático y la percepción de lo que es ofensivo o excluyente cambia con las generaciones. Lo que hace 30 años era una corrección impecable hoy puede sonar rancio o incluso provocar el rechazo de una parte importante de tu audiencia. Ignorar esto es un suicidio comunicativo en toda regla. Por eso, muchos medios de comunicación han optado por crear sus propios manuales de estilo que se sitúan en un punto medio, permitiendo el desdoblamiento en los titulares o en la primera mención de un texto para marcar la pauta de inclusión.

Errores comunes o ideas falsas

El primer tropiezo sistemático es confundir la gramática con la biología. Seamos claros: una palabra no tiene genitales. Muchos usuarios suponen que el masculino genérico es un invento de un cónclave de machistas del siglo XVIII, pero la realidad es que el indoeuropeo ya arrastraba esta inercia desde milenios atrás. Pensar que por decir "todos y todas" estamos arreglando la brecha salarial es, cuanto menos, un análisis de vuelo raso. El problema es que el lenguaje es un organismo vivo, no un decreto de oficina.

La falacia de la economía del lenguaje extrema

A menudo escuchamos que el uso de ambos sexos atenta contra la economía lingüística. Y sí, si repites catorce veces "los ciudadanos y las ciudadanas" en un párrafo de tres líneas, el lector querrá lanzar el texto por la ventana. Pero la economía no es una ley física inamovible. En el 85% de los casos, la duplicación se utiliza por una necesidad de visibilización política más que por precisión técnica. El error no es duplicar, el error es hacerlo sin ritmo, transformando un artículo en un manual de instrucciones soporífero. ¿Cómo se escriben ambos sexos? Pues, preferiblemente, sin que parezca un tartamudeo tipográfico.

El mito del desdoblamiento obligatorio

Existe la idea de que, para ser inclusivo, hay que desdoblar cada sustantivo, adjetivo y determinante. Falso. La lengua española posee herramientas como los nombres epicenos (ser humano, persona, víctima) que cubren a ambos sexos sin necesidad de piruetas sintácticas. No es obligatorio elegir entre "los doctores" o "los doctores y las doctoras" si puedes usar "el personal médico". El 60% de los redactores novatos ignora que existen sustantivos colectivos que ahorran tinta y fatiga visual sin excluir a nadie de la foto.

Aspecto poco conocido o consejo experto

¿Has oído hablar de la jerarquía de la mención? Es un fenómeno que casi nadie menciona en los talleres de redacción. Salvo que el contexto exija lo contrario, tendemos a poner el masculino delante por inercia histórica. Pero un truco experto para refrescar el texto es alternar el orden. Prueba a escribir "las ingenieras y los ingenieros". Produce un micro-choque cognitivo que obliga al lector a prestar atención. Es una técnica de marketing lingüístico más que de gramática pura.

El uso estratégico de la barra y el paréntesis

La barra oblicua (el/la) es un recurso de emergencia, no una solución elegante. Se debe usar exclusivamente en formularios o textos técnicos donde el espacio es más caro que el azafrán. Si escribes un artículo de opinión y usas "el/la autor/a", estás admitiendo que no sabes construir una frase con sujeto colectivo. Mi consejo de experto es que huyas de los símbolos no lingüísticos como la arroba o la equis. Según datos de accesibilidad, los lectores de pantalla para personas con discapacidad visual leen "l-o-x-n-i-ñ-o-s" como un error de código, dejando fuera a un sector de la población. La inclusión que excluye a los ciegos es una paradoja bastante amarga (y un poco hipócrita, si me permites la franqueza).

Preguntas Frecuentes

¿Es correcto usar la arroba para incluir a ambos sexos?

No, la arroba no es una letra y no tiene representación fonética en español. Aunque en el año 2005 tuvo un auge en los movimientos sociales, hoy se considera un arcaísmo visual que entorpece la lectura fluida. La Real Academia Española ha manifestado en más de 12 ocasiones que los símbolos ajenos al alfabeto no forman parte del sistema gramatical. Si buscas profesionalismo, evita este recurso en cualquier documento oficial o comercial. ¿Cómo se escriben ambos sexos? Con letras, siempre con letras.

¿Qué pasa con el uso de la letra E como género neutro?

El uso de la "e" (como en "les niñes") es una propuesta sociolingüística que busca un tercer espacio fuera del binarismo tradicional. Aunque cuenta con el apoyo de ciertos sectores académicos y políticos, su implementación real en el habla cotidiana no alcanza el 5% de la población hispanohablante. Gramaticalmente no existe como morfema de género neutro en el sistema estándar actual. Es una elección política personal, pero en una redacción profesional puede restarte autoridad ante una audiencia generalista. Pero, ¿quién sabe si en 50 años será la norma?

¿El masculino genérico realmente invisibiliza a las mujeres?

Existen estudios de psicología cognitiva que sugieren que el cerebro tiende a visualizar hombres cuando lee términos masculinos, incluso si el contexto es general. En pruebas de asociación rápida, hasta un 70% de los participantes asocia "científicos" con figuras varoniles. Por esta razón, la recomendación técnica es usar términos abstractos como "la comunidad científica" o "la ciencia" cuando se quiera evitar este sesgo. La precisión no es solo una cuestión de reglas, sino de qué imagen quieres proyectar en la mente de quien te lee. Porque el lenguaje, nos guste o no, moldea nuestra percepción de la realidad.

Conclusión

Al final, la obsesión por el control total del lenguaje es una batalla perdida contra la libertad del hablante. No se trata de prohibir el masculino genérico ni de imponer el desdoblamiento infinito como si fuera un mantra religioso. Mi postura es clara: usa el ingenio antes que la repetición. El buen redactor es aquel que logra que nadie se sienta excluido sin que el texto parezca un telegrama administrativo lleno de barras y duplicaciones innecesarias. La elegancia reside en la naturalidad, no en el cumplimiento rígido de una agenda ideológica de uno u otro bando. Escribe para seres humanos, no para algoritmos de corrección política, y verás cómo el equilibrio aparece solo.