El peso de la herencia binaria en nuestro diccionario cotidiano
Durante siglos, la estructura de nuestra comunicación se ha cimentado sobre una dualidad que parecía inamovible, casi tallada en piedra por una observación superficial de la naturaleza. El tema es que hemos heredado un sistema donde ¿Es correcto decir ambos sexos? se respondía con un sí rotundo porque el paradigma dominante no concebía fisuras entre lo masculino y lo femenino. Gramaticalmente, el español es una lengua de género marcado, lo que empuja constantemente al hablante a elegir un bando o a refugiarse en un masculino genérico que hoy se percibe como insuficiente. Pero, ¿qué pasa cuando la norma choca frontalmente con la evidencia de quienes no encajan en esos dos moldes? La estructura misma del pensamiento se tambalea cuando las categorías estancas se enfrentan a la fluidez de la experiencia vivida, forzándonos a una reevaluación que va más allá de la simple sintaxis.
La trampa de la simplificación excesiva
Aquí es donde se complica la narrativa tradicional. Al decir ambos, estamos cerrando la puerta con llave, sugiriendo que el inventario de la humanidad se agota en 2 opciones excluyentes y definitivas. Pero esto no es un partido de tenis. La realidad es que el lenguaje suele ir tres pasos por detrás de los descubrimientos sociales y científicos, arrastrando una inercia que nos hace sentir cómodos en lo conocido (aunque lo conocido sea incompleto). ¿No es curioso que nos aferremos tanto a una palabra que apenas suma cinco letras pero que arrastra milenios de exclusión? A veces, la economía del lenguaje es simplemente pereza intelectual disfrazada de norma académica.
Diccionarios frente a la calle
Las instituciones que custodian el idioma suelen ser alérgicas a las revoluciones rápidas. Seamos claros: la norma lingüística se basa en el uso mayoritario, y hasta hace apenas 15 años, la expresión ambos sexos era la reina absoluta de los formularios oficiales, los contratos legales y las conversaciones de café. Sin embargo, el uso de alternativas más abiertas ha crecido un 40 por ciento en documentos administrativos en la última década, lo que demuestra que la calle está empujando al diccionario hacia un rincón de necesaria actualización. Es un pulso fascinante entre la tradición académica y la urgencia de nombrar lo que antes permanecía en la sombra.
El soporte biológico y el desafío de la intersexualidad
Si bajamos al barro de la biología pura, el argumento de los dos sexos empieza a mostrar grietas científicas que son imposibles de ignorar en un análisis serio sobre si ¿Es correcto decir ambos sexos? en el año 2026. La visión tradicional se apoya en la producción de gametos (óvulos y espermatozoides), pero la biología humana es un espectro mucho más desordenado y maravilloso que esa división escolar. Según datos de Naciones Unidas, se estima que hasta un 1,7 por ciento de la población nace con rasgos intersexuales, una cifra que se acerca peligrosamente al porcentaje de personas pelirrojas en el mundo. Y eso lo cambia todo. Si existe un grupo significativo de seres humanos cuya anatomía, cromosomas o niveles hormonales no se alinean con las definiciones clásicas de macho o hembra, el término ambos se convierte en una inexactitud técnica.
Más allá de los cromosomas XX y XY
La medicina moderna ha identificado múltiples variaciones cromosómicas que van mucho más allá del par estándar que nos enseñaron en secundaria. Tenemos casos de individuos con cariotipos 47,XXY o 45,X, situaciones que rompen la lógica binaria desde el núcleo mismo de la célula. Cuando un periodista o un médico se pregunta si ¿Es correcto decir ambos sexos?, debe considerar que ignorar estas realidades es, en esencia, una forma de mala praxis informativa. Estamos lejos de eso que algunos llaman capricho ideológico; estamos ante una necesidad de rigor descriptivo para representar la diversidad genética de nuestra especie.
El espectro hormonal y fenotípico
No todo es genética de laboratorio, ya que el desarrollo físico depende de una danza compleja de hormonas que no siempre sigue el guion establecido por la sociedad. Hay personas con insensibilidad a los andrógenos que, teniendo cromosomas XY, desarrollan una apariencia física femenina indiscutible. ¿En qué lado del binario las ponemos si insistimos en usar la palabra ambos? Aquí la ironía es que, queriendo ser claros, terminamos siendo profundamente confusos. La insistencia en el dualismo suele responder más a una comodidad mental que a una observación empírica del cuerpo humano, el cual se empeña en desbordar cualquier clasificación rígida que intentemos imponerle.
La evolución del consenso social y la visibilidad
El lenguaje no es un ente biológico, sino un contrato social que renegociamos cada vez que abrimos la boca para pedir un café o redactar una ley. En este sentido, la pregunta sobre si ¿Es correcto decir ambos sexos? tiene una dimensión política innegable. Durante el siglo XX, el 99 por ciento de la producción literaria y científica daba por sentado el binario como una verdad universal. Pero el aumento de la visibilidad de las personas no binarias y el activismo por los derechos humanos han forzado una revisión de estas estructuras. Al utilizar términos más amplios, no solo estamos siendo más precisos con la biología, sino que estamos validando la existencia de quienes han sido borrados sistemáticamente de la conversación pública.
El coste de la invisibilidad lingüística
Lo que no se nombra, no existe, o al menos eso es lo que dictan las dinámicas de poder en cualquier sociedad moderna. Mantener el uso de ambos sexos en contextos donde se busca la inclusión total es enviar un mensaje sutil pero potente de exclusión hacia las minorías. Pero, ojo, que aquí es donde yo pongo un matiz que contradice la sabiduría convencional del activismo más radical: no se puede borrar de un plumazo una estructura lingüística que ha funcionado durante eones sin ofrecer alternativas sólidas que la gente corriente pueda adoptar sin sentir que está aprendiendo un idioma marciano. El cambio debe ser orgánico para ser efectivo.
Alternativas emergentes y la búsqueda de la precisión total
Para evitar las trampas del binario, han surgido fórmulas que intentan abrazar toda la gama de la experiencia humana sin sonar necesariamente a jerga técnica de laboratorio. En lugar de preguntarnos obsesivamente ¿Es correcto decir ambos sexos?, muchos profesionales de la comunicación están optando por expresiones como todas las identidades, el espectro de los sexos o simplemente personas, sin más etiquetas. Estas opciones no solo son más inclusivas, sino que a menudo resultan más elegantes desde un punto de vista puramente literario. El uso de todos los sexos, en plural abierto, ya aparece en más del 25 por ciento de las guías de estilo de los grandes medios de comunicación europeos, marcando una tendencia clara hacia la apertura.
El plural como refugio de la diversidad
A veces la solución es tan sencilla como cambiar un determinante por un plural genérico que no limite el conteo. Al pasar de ambos a todos, el espacio semántico se expande automáticamente, permitiendo que quepa cualquiera sin necesidad de hacer un examen de biología previo. Es una estrategia de mínimos que maximiza el respeto. Porque, al final del día, el lenguaje debería servir para conectar, no para levantar muros gramaticales que dejen fuera a una parte de la población que, aunque minoritaria, es tan real como el papel en el que se imprimen los diccionarios. ¿Realmente perdemos algo por ser un poco más generosos con nuestras palabras? Posiblemente ganemos mucho más en rigor y humanidad de lo que perdemos en supuesta tradición.
Errores comunes o ideas falsas sobre el binarismo lingüístico
El error más extendido, casi epidémico, es confundir la precisión gramatical con una declaración de principios biológicos inamovibles. Muchos usuarios de la lengua asumen que decir ambos sexos es la única forma de ser riguroso porque el ADN "no miente", pero seamos claros: la lengua no es un microscopio, es un contrato social. Un fallo recurrente consiste en creer que el sistema de género gramatical en español es un reflejo exacto del dimorfismo sexual de la especie humana. No lo es. Si lo fuera, no diríamos "la persona" para referirnos a un varón de 90 kilos. ¿Por qué nos empeñamos entonces en que la dualidad es la única vía?
La trampa de la exclusión involuntaria
Existe la idea falsa de que utilizar fórmulas duales es siempre inclusivo porque "ya incluye a las mujeres". Pero el problema es que el 1.7 por ciento de la población mundial nace con rasgos intersexuales según datos de Naciones Unidas. Cuando afirmas tajantemente que existen ambos sexos y cierras la puerta, estás borrando de un plumazo estadístico a millones de individuos. Y no, no es una cuestión de cortesía política, es una cuestión de exactitud descriptiva. El lenguaje que no nombra la realidad compleja acaba por mentir. ¿Acaso preferimos una mentira cómoda a una verdad gramaticalmente ruidosa?
El mito del ahorro lingüístico extremo
Muchos detractores del cambio argumentan que añadir matices "ensucia" la comunicación. Dicen que es más económico decir ambos sexos. Pero la economía del lenguaje no justifica la invisibilidad. Es curioso cómo nos sobra tiempo para escribir hilos interminables en redes sociales, pero de repente nos faltan tres segundos para decir "todos los sexos" o "la diversidad sexual". La eficiencia no puede ser la excusa para el inmovilismo mental.
La zona gris: el consejo del experto que nadie te da
Salvo que estés redactando un manual de ginecología de 1950, la rigidez suele ser síntoma de pereza intelectual. Mi consejo es simple pero requiere valentía: analiza el contexto de poder. Si estás escribiendo para una audiencia joven, el uso de decir ambos sexos te hará parecer un fósil antes de terminar el primer párrafo. El 25 por ciento de la Generación Z en diversos estudios de mercado europeos afirma no identificarse con el binarismo tradicional. Ignorar esto no es proteger el idioma, es perder clientes y lectores.
El truco de la neutralización estratégica
En lugar de pelearte con las terminaciones en "e" o los desdoblamientos infinitos que agotan al lector, usa sustantivos colectivos. Es un recurso infrautilizado. En vez de "la opinión de ambos sexos", prueba con "la opinión de la ciudadanía" o "del personal". Funciona. Es elegante. Nadie se ofende. Decir ambos sexos se siente a veces como llevar un traje de pana en pleno agosto en Sevilla; puedes hacerlo, pero vas a sufrir y todos te mirarán raro. El experto no es el que más reglas memoriza, sino el que mejor lee el termómetro social de su época.
Preguntas Frecuentes
¿Es incorrecto según la RAE usar la expresión ambos sexos?
No, la Real Academia Española no la considera incorrecta en absoluto, ya que se apoya en la tradición normativa y la biología clásica de la reproducción. Sin embargo, la propia Academia reconoce que el lenguaje evoluciona y que el uso de decir ambos sexos puede resultar limitante en ciertos discursos sociológicos modernos. Actualmente, más de 500 millones de hispanohablantes navegan entre la norma estricta y la necesidad de nuevas etiquetas. La corrección técnica no siempre equivale a la adecuación comunicativa en contextos de diversidad. Pero recuerda que la RAE describe el uso, no lo inventa de la nada.
¿Qué alternativas existen para no sonar excluyente?
La opción más sólida y profesional es sustituir la dualidad por "cualquier sexo", "independientemente del sexo" o "toda la diversidad sexual". Estas fórmulas cubren el 100 por ciento del espectro humano sin necesidad de inventar palabras nuevas o usar símbolos extraños como la arroba. Al evitar decir ambos sexos, demuestras una sensibilidad contemporánea que es muy valorada en entornos corporativos internacionales. Es una cuestión de sofisticación léxica. Porque, al final del día, lo que buscamos es que el mensaje llegue sin interferencias ideológicas innecesarias (o al menos reducir el ruido).
¿Afecta esto a la redacción de documentos legales o médicos?
En el ámbito jurídico, la precisión es vital y ya se están viendo cambios significativos en sentencias de países como Argentina o México. En medicina, el término decir ambos sexos sigue siendo predominante debido a la carga cromosómica XX y XY, que define la mayoría de las patologías clínicas. No obstante, incluso en ensayos clínicos, se estima que un 0.05 por ciento de las muestras pueden presentar variaciones genéticas no binarias que requieren terminología específica. La ciencia no es estática. Por tanto, el derecho y la salud están empezando a abrazar términos más amplios para evitar vacíos legales o diagnósticos erróneos.
Síntesis y posicionamiento final
Llegados a este punto, mi postura es clara: mantener el uso de ambos sexos como única verdad es una batalla perdida contra la realidad. No se trata de destruir el español, sino de ensancharlo para que quepamos todos sin codazos. El binarismo es una simplificación útil para las máquinas, pero nosotros somos humanos y la humanidad es, por definición, un desorden maravilloso. Si sigues aferrado a la dualidad por miedo al cambio, te quedarás hablando solo en un rincón del diccionario. La lengua es un organismo vivo que respira, suda y cambia de piel cada mañana. ¡Atrévete a nombrar el mundo tal como es hoy, no como te dijeron que era en la escuela!
