El misterio de la segunda persona del plural: O por qué el "ustedes" y el "vosotros" se odian cordialmente
Si has logrado sobrevivir a la primera parte de este tratado sobre la segunda persona gramatical, felicidades. Ya sabes que el "tú" es un intruso de confianza y que el "usted" es una barrera de contención social diseñada para que no le hables a tu jefe como si compartieran piso de estudiantes. Ahora bien, adentrémonos en el pantano geográfico y sociolingüístico más divertido, absurdo y pasivo-agresivo de la lengua castellana: el mundo del plural.
Porque claro, una cosa es hablar con el espejo o con el prójimo a solas, y otra muy distinta es enfrentarse a una masa informe de gente y tener que decidir si vas a sonar como un hidalgo del siglo XVI o como un tiktoker argentino en pleno rodaje.
La gran muralla atlántica: Vosotros versus Ustedes
El idioma español, en su infinita generosidad caótica, decidió que no bastaba con tener una forma para el plural. No, señor. Había que crear una grieta geopolítica que divide a la comunidad hispanohablante de manera tan elegante como irreconciliable.
Por un lado tenemos a la península ibérica, custodiando con orgullo monárquico el venerable vosotros. Por el otro, el continente americano (y Canarias, que por algo están ahí en el Atlántico divirtiéndose) ondeando la bandera del ustedes para absolutamente todo, desterrando al pobre "vosotros" al rincón de los recuerdos junto a las cintas de cassette y el pretérito imperfecto de subjuntivo en desuso.
¿Y cómo suena esto en la práctica? Muy sencillo:
En Madrid: "Vosotros sois los únicos que entendéis este sarcasmo".
En Buenos Aires, Ciudad de México, Bogotá o Santiago: "Ustedes son los únicos que entienden este sarcasmo".
Ambas oraciones son correctas. Ambas comunican el mensaje. Pero la tensión en el aire es palpable. El hablante peninsular mira el "ustedes" latinoamericano con la condescendencia de quien cree que se ha perdido la cortesía feudal, mientras que el hispanoamericano escucha el "vosotros" y siente que le acaban de invitar a una cruzada contra los moros o, peor aún, a una obra de teatro clásico dirigida por alguien que grita mucho.
La piratería gramatical del "Ustedes"
Lo verdaderamente fascinante del ustedes en América Latina es su total y absoluta falta de respeto por la jerarquía. Originalmente, como bien recordarás si prestaste atención en el colegio (o si tienes buena memoria genética), "usted" viene de "vuestra merced". Era un título de respeto reverencial, digno de inclinarse la mitad del cuerpo mientras se ajustaba el monóculo.
Pues bien, el español americano miró esa formalidad medieval, se rio, se la metió en el bolsillo y dijo: "A partir de ahora, esto sirve para hablarle al perro, al vecino que te roba el Wi-Fi y al grupo de amigos con los que te emborrachas los viernes por la noche".
El resultado es una hermosa democratización de la grosería y la confianza. Ya no hay distancia. Si te metes a un bar en Bogotá y le dices a un grupo de desconocidos "¿Qué hacen ustedes?", estás siendo tan amigable como si les invitaras a una ronda de empanadas. Intenta hacer eso en Valladolid usando el "vosotros" con un desconocido en un bar y prepárate para ser mirado como si hubieras entrado en pelotas y cantando la Internacional Comunista.
El caso del "Vos": El invitado que se quedó a vivir
Por si fuera poco este adorable caos, no podemos cerrar este análisis experto sin mencionar al elefante en la habitación: el voseo.
Ese pequeño milagro lingüístico donde la segunda persona del singular muta y se apropia de la conjugación del plural antiguo, creando monstruos bellísimos como *"vos cant
