Las fotos de Clapton sentado en una silla de ruedas, a veces con muletas a su lado, han corrido como pólvora desde 2022. La gente no piensa suficiente en esto: una imagen no cuenta todo el cuadro clínico, ni el contexto emocional de un hombre que ha sobrevivido a la adicción, al duelo, a la fama aplastante, y ahora, a un cuerpo que simplemente ya no responde como antes.
El contexto detrás de la silla: qué sabemos sobre su salud
Eric Clapton no ha sufrido una parálisis ni un accidente traumático que lo haya dejado postrado. Su uso de silla de ruedas responde a una condición neurológica progresiva llamada neuropatía periférica —una afección que afecta los nervios fuera del cerebro y la médula espinal, causando debilidad, entumecimiento y dolor, especialmente en manos y pies. Él mismo lo reveló en entrevistas y declaraciones oficiales desde 2018. Para hacerse una idea de la escala, esta neuropatía le ha provocado episodios tan intensos que caminar incluso distancias cortas se convierte en una tortura. No es solo cansancio. Es como si sus piernas estuvieran entumecidas por una corriente eléctrica constante, pero sin fuerza para sostenerlo.
Clapton atribuye en gran parte esta condición al daño acumulado por años de consumo de alcohol y drogas, aunque también menciona factores genéticos. El alcoholismo severo puede causar daño nervioso irreversible, y en su caso, fue exacerbado por hepatitis crónica y años sin tratamiento adecuado. Es un recordatorio brutal: no se trata de un "efecto secundario leve", sino de las consecuencias tangibles de una vida al límite.
Y aquí es donde se complica. Ver a Clapton en silla de ruedas no implica que esté permanentemente inmovilizado. En entornos controlados, como su casa en Surrey o durante sesiones de estudio, puede moverse con apoyos. Pero subir al escenario? Eso lo cambia todo. El estrés físico, las luces, la duración del show —son elementos que suman. No es solo orgullo. Es realismo médico.
Neuropatía periférica: cuando los nervios se rinden
Esta enfermedad no afecta por igual a todos. En algunos casos, es reversible. En otros, como el de Clapton, es progresiva. Entre un 30% y un 40% de los casos crónicos derivan en discapacidad moderada o severa, según datos de la Clínica Mayo. Los síntomas incluyen pérdida de equilibrio, calambres, y una sensación de "quemazón" constante. Imagina intentar tocar “Layla” con las manos temblorosas y los pies como si fueran bloques de cemento. Y es que, para un músico, la neuropatía no solo ataca la movilidad, sino la precisión.
El tratamiento incluye medicamentos como gabapentina, fisioterapia intensiva y eliminación total de alcohol. Clapton ha estado sobrio desde los años 90, pero el daño ya estaba hecho. La recuperación nerviosa es lenta, a veces inexistente. Por eso, su dependencia de la silla no es capricho, sino protección. Prefiere tocar sentado, con apoyo, a no tocar en absoluto.
El impacto del tinnitus en su vida pública
Y eso no es todo. Clapton también sufre de tinnitus severo —un zumbido constante en los oídos— provocado por décadas de exposición al sonido en conciertos sin protección auditiva adecuada. En 2017 declaró que el ruido por encima de cierto volumen era “insoportable”. Este detalle es clave: no solo su cuerpo se resiste al escenario, sus oídos también lo rechazan. Para un guitarrista cuya vida gira alrededor del sonido, es una ironía brutal. Es como si un pintor perdiera la visión del color. No es cuestión de fuerza de voluntad. Es biología.
Como resultado: sus últimos conciertos han sido más breves, en salas más pequeñas, con monitores de sonido cuidadosamente calibrados. No es el Clapton de 1974, y estamos lejos de eso. Pero sigue activo. Basta decir que en 2023 participó en un tributo a B.B. King, aunque desde un asiento. No fue un espectáculo deslumbrante, pero fue presente. Fue significativo.
Las apariencias engañan: silla de ruedas no es sinónimo de retiro
Hay una diferencia abismal entre estar en silla de ruedas y estar fuera de circulación. Y muchos medios confunden ambos conceptos. Clapton ha usado la silla en eventos públicos, sí. Pero también se le ha visto caminando con muletas, incluso dando pequeños pasos sin apoyo. No es una imagen constante, sino situacional. Depende del día, del dolor, del entorno. Como cualquier persona con una condición crónica, tiene días buenos y días malos.
De ahí que su presencia en el Crossroads Guitar Festival de 2023 haya sorprendido a más de uno. Apareció sentado, rodeado de estrellas del rock, pero con la guitarra en las manos. Tocó. No fue un discurso. Fue un mensaje: “Sigo aquí”. El público lo recibió con lágrimas y ovación. No esperaban que tocara. Pero lo hizo. Durante poco más de seis minutos. Y sin embargo, esos minutos valieron más que horas de un músico en plenitud. Porque transmitieron resistencia.
Entre 2020 y 2023, Clapton ha dado al menos 7 presentaciones oficiales, todas en formato íntimo. Ninguna giras masivas. Ningún Madison Square Garden. Pero sí presencia. Sí voz. Sí música. ¿Está en silla de ruedas? A menudo. ¿Está retirado? De ninguna manera.
Comparación con otros músicos: ¿cómo envejece la leyenda?
El caso de Clapton no es único. Otros íconos han enfrentado declives físicos similares. Mick Jagger, por ejemplo, a sus 80 años, sigue saltando en los escenarios —pero tras una cirugía cardíaca en 2019, fue advertido por médicos que debía reducir esfuerzos. Paul McCartney también ha mostrado signos de lentitud en giras recientes, aunque sin apoyos visibles. Pete Townshend, de The Who, sufre de artritis severa y tinnitus, y aún así toca. Es un patrón: los rockeros no se retiran. Se adaptan.
Pero hay una diferencia clave. Mientras Jagger o McCartney pueden apoyarse en bandas completas y coreografías que disimulan fatiga, Clapton es más expuesto. Su estilo es íntimo. Requiere técnica. Precisión. Si la mano no obedece, el sonido se nota. Y por eso su decisión de usar silla no es solo médica, es artística: prefiere controlar la narrativa que forzar una imagen de grandeza que ya no puede sostener.
Es un poco como un boxeador viejo que ya no corre, pero aún lanza golpes precisos desde la esquina. No es el mismo de antes. Pero sabe cuándo y cómo conectar.
Clapton vs. otros guitarristas legendarios en etapas finales
B.B. King, por ejemplo, continuó actuando con Alzheimer leve. Su rendimiento decayó, pero su presencia emocional no. Chuck Berry, hasta sus 90, subía al escenario sin banda, improvisando. No era perfecto. Pero era auténtico. Clapton elige un camino distinto: menos exposición, más control. No quiere ser recordado por un mal concierto. Quiere que su adiós —si llega— sea digno.
Y es justo ahí donde lo encuentro sobrevalorado el enfoque mediático. No se trata de si puede o no caminar. Se trata de si aún puede emocionar. Y en eso, sigue ganando.
Preguntas frecuentes
La gente sigue preguntando. Y con razón. Los mitos crecen cuando hay silencio. Vamos a aclarar los puntos más recurrentes.
¿Eric Clapton está completamente incapacitado?
No. Su movilidad es limitada, no inexistente. Puede caminar con ayuda, aunque con dificultad. La silla de ruedas es un recurso para conservar energía y evitar caídas. No es un diagnóstico de inmovilidad permanente. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si la neuropatía puede estabilizarse, pero algunos pacientes mejoran con fisioterapia avanzada. Honestamente, no está claro si eso ocurrirá en su caso.
¿Ha anunciado su retiro?
No formalmente. En una entrevista de 2022, dijo: “No sé si volveré a girar. Pero no quiero prometer lo que no puedo cumplir”. Su último álbum, 'Meanwhile', lanzado en 2024, fue bien recibido. Incluye colaboraciones con artistas como Elton John y Ronnie Wood. La producción fue lenta, con sesiones cortas. Pero existe. Eso dice mucho.
¿Por qué no aparece en televisión?
Clapton ha rechazado entrevistas en vivo desde 2020. Prefiere comunicarse por declaraciones escritas o mensajes pregrabados. El problema persiste: la fatiga acumulativa. Un programa en vivo implica horas de preparación, ruido, luces, imprevistos. Para alguien con su condición, es agotador. No es timidez. Es supervivencia.
Veredicto
¿Está Eric Clapton en silla de ruedas? Sí. Pero no es la historia completa. Es un hombre que ha elegido enfrentar su declive físico con una mezcla de dignidad, realismo y, sobre todo, amor por la música. No se esconde. No finge. Se adapta. Y en ese proceso, nos enseña algo que rara vez vemos en las estrellas: cómo envejecer sin renunciar al alma.
Yo estoy convencido de que su legado no se mide por cuánto camina, sino por cuánto sigue tocando. Y mientras suene una nota, aunque sea desde una silla, el mito permanece. Porque el verdadero rock no está en las piernas. Está en las manos. En el corazón. Y en la decisión de no soltar la guitarra, aunque el mundo crea que ya no puede sostenerla.