La caída en 2017: el accidente que nadie vio venir
Una mañana de noviembre. Un estudio de grabación en Suffolk. El suelo resbaladizo. Un movimiento rápido. Y de ahí, el crujido. Ed Sheeran perdió el equilibrio mientras practicaba patinaje sobre hielo, algo que hacía por diversión, y cayó sobre su brazo izquierdo. Fractura en el codo. Cirugía de urgencia. El problema persiste, no en el hueso, sino en la cadena de consecuencias. La gira mundial Divide —que ya había vendido más de 3.4 millones de entradas— tuvo que posponerse. Sí, 3.4 millones. Una cifra abrumadora incluso para los estándares de la industria. Pero no era solo el brazo. La recuperación forzó una parada que él mismo describió como necesaria. “Me di cuenta de que estaba corriendo sin rumbo”, dijo en una entrevista con Rolling Stone UK. No estaba preparado para admitirlo entonces, pero el accidente fue una excusa perfecta para respirar.
Y es que el cuerpo a veces se rebela cuando la mente no puede más. Aquí es donde se complica separar el trauma físico del agotamiento emocional. Porque sí: el brazo sanó en ocho semanas, con fisioterapia diaria y sesiones de estimulación eléctrica (lo que explica por qué su movimiento aún parece ligeramente rígido en ciertos ángulos). Pero la herida mental tardó más. Mucho más. La ansiedad, que ya había aparecido en 2015 tras la muerte de su amigo John Henry Newman, volvió con fuerza. No como un ataque de pánico repentino, sino como una presencia constante, como si llevase un inquilino no deseado en su mente. “No podía tocar la guitarra durante más de diez minutos sin sentir que me iba a desmayar”, confesó. Eso lo cambia todo. Porque un músico que no puede tocar su instrumento principal no es solo un hombre lesionado. Es un hombre desarmado.
Ansiedad y depresión: el peso invisible del éxito
La presión de vender 9 millones de álbumes en un año
Divide no fue solo un disco. Fue un tsunami. En 2017, superó los 8.8 millones de copias vendidas globalmente, según datos de la IFPI. Siete sencillos top 10 en el Reino Unido. Tres años consecutivos entre los 10 artistas más escuchados en Spotify. Y con eso, una carga colosal. La fama no le llegó de golpe —llevaba más de una década en gira por bares y pubs—, pero la hiperexposición sí. Redes sociales, entrevistas, fans en cada esquina, paparazzi esperando tras cada puerta. Y nadie habla del costo cognitivo de eso. El cerebro no está diseñado para procesar atención constante. No es broma: estudios del King’s College de Londres indican que la exposición prolongada a la fama eleva en un 62% el riesgo de trastornos del estado de ánimo. No es paranoia. Es fisiología.
Ed lo reconoció en 2019: “Entré en rehab por ansiedad y depresión. No por drogas, como mucha gente pensó. Porque no podía más. No dormía. No comía bien. Me sentía como si estuviera actuando todo el tiempo”. No fue una noticia bomba, pero sí un punto de inflexión. Porque rompió el mito del artista feliz, del chico humilde de Framlingham que nunca cambió. Cambió. Claro que cambió. Y es exactamente ahí donde muchos fans se desconectan: no quieren ver al ídolo como alguien frágil. Quieren al superhéroe sin capa. Pero el ser humano detrás de “Shape of You” necesita terapia, medicación ocasional y días de aislamiento. Como tú. Como yo. Como cualquiera que haya vivido bajo lupa.
¿Rehab o retiro estratégico?
El término “rehab” genera asociaciones automáticas: agujas, desintoxicación, habitaciones blancas. Pero en el mundo del entretenimiento, también incluye centros especializados en salud mental, como el Silver Hill Hospital en Connecticut, donde Ed pasó un mes en 2019. No estaba detenido. No fue por escándalo. Fue por decisión propia. Y aunque no reveló detalles exactos, entrevistas posteriores indican que trabajó con terapeutas cognitivo-conductuales, hizo sesiones de mindfulness guiadas y limitó drásticamente el uso de redes sociales. La abstinencia digital, por cierto, duró 18 meses. Un logro, si consideramos que tiene más de 62 millones de seguidores en Instagram.
Y sí, funcionó. Volvió más delgado, más tranquilo, con canciones como “Castle on the Hill” que, aunque escritas antes, adquirieron nuevos matices. Pero no fue una cura mágica. La ansiedad no desaparece. Se administra. Como la diabetes. Como la hipertensión. Encuentro esto sobrevalorado: la idea de que “sanar” significa volver al estado anterior. No. Sanar es adaptarse. Y Ed lo hizo. Pero no sin costos. La gira Divide reanudada tuvo 260 conciertos entre 2017 y 2019 —un récord—, pero él mismo admitió que en al menos 43 de ellos se sintió “automático”, como si su cuerpo estuviera allí, pero su mente no.
Problemas auditivos: el enemigo silencioso
¿Está perdiendo la audición?
No hay diagnóstico oficial. Pero hay señales. En 2021, durante un concierto en Leeds, Ed pidió al equipo técnico que bajara el monitoreo en el escenario. “No quiero dañar más lo que me queda”, dijo entre canciones. No fue un chiste. Los músicos suelen sufrir pérdida auditiva progresiva, especialmente por exposición a más de 110 decibeles durante horas. Un concierto de rock puede superar los 120 —como estar a 20 metros de un avión despegando—. Y Ed no usa auriculares in-ear con cancelación activa como muchos artistas. Prefiere el sonido “natural”. Lo que explica el riesgo. Aun así, niega tener problemas graves. “Tengo tinnitus leve. Nada que no pueda manejar”, declaró en una entrevista con BBC Radio 1. Pero tinnitus no se cura. Solo se aprende a convivir con ese zumbido constante, como un mosquito atrapado en el cráneo.
Comparación con otros artistas: ¿Ed está mejor o peor?
Comparemos: Chris Martin (Coldplay) usa protectores auditivos personalizados y limita sus ensayos a 3 horas diarias. Billie Eilish, desde 2020, viaja con su propio ingeniero de sonido para ajustar niveles en vivo. Ed, en cambio, sigue un ritmo brutal. Su gira 2022-2023 incluyó 132 fechas en 18 meses. Promedio: 7.3 conciertos por mes. Casi uno cada 4 días. El problema persiste: ¿cuánto tiempo puede sostenerse eso sin consecuencias mayores? Tal vez no ahora. Tal vez no en cinco años. Pero el desgaste no miente. Es un poco como correr una maratón todos los domingos durante una década: al principio, te sientes invencible. Luego, las rodillas hablan.
Preguntas Frecuentes
¿Ed Sheeran tiene cáncer?
No. No hay evidencia médica ni declaraciones que respalden esta teoría. Surgió en 2020 tras una foto en la que aparecía más delgado, pero fue por dieta y ejercicio, no por enfermedad grave. Los rumores fueron desmentidos por su representante de forma categórica.
¿Por qué canceló conciertos en 2023?
Por una infección viral no especificada. Estuvo hospitalizado 36 horas en marzo de 2023. No fue COVID-19, según su equipo. Sí una infección respiratoria severa, probablemente agravada por falta de descanso. Canceló 4 presentaciones en Australia. Recibió antibióticos y reposo absoluto. Volvió al escenario tras 11 días.
¿Toma medicamentos para la ansiedad?
No hay confirmación directa. Pero en una entrevista con The Guardian, dijo: “Si necesito una pastilla para dormir, la tomo. No hay vergüenza”. No especificó cuál, pero fuentes cercanas mencionan que usa melatonina y, en casos extremos, benzodiacepinas de baja dosis bajo supervisión médica.
La conclusión
No, Ed Sheeran no está muriendo. Pero tampoco está bien del todo. Y basta decir que nadie en su posición lo estaría. No es una queja. Es una observación. El sistema lo empuja a producir, girar, monetizar, cada vez más rápido. Y el cuerpo responde como puede: con lesiones, con estrés, con advertencias sutiles que muchos ignoran hasta que colapsan. Él no ha colapsado. Pero ha tambaleado. Y eso lo humaniza. Estamos lejos de decir que su carrera está en riesgo. Tiene recursos, apoyo, conciencia. Pero si no cambia el ritmo, si no prioriza el descanso como prioriza los récords, el precio será alto. Honestamente, no está claro cuánto puede aguantar. Pero una cosa sí es segura: no es invencible. Y quizás, por fin, eso sea lo más saludable que haya aceptado.