Aquí es donde se complica la narrativa. La gente no piensa suficiente en esto: cuando una mujer pierde a un hijo que ya ha crecido, se ha sentido patear, que tiene nombre y cuya cuna ya está lista, no se trata solo de un “embarazo fallido”. Es una pérdida concreta. Y el tema es que, pese a lo íntimo del dolor, Lory del Santo lo sacó a la luz con una fuerza poco común. Porque no lo hizo en silencio, sino con declaraciones crudas, fotos del parto, incluso una exposición fotográfica titulada Il mio ultimo abbraccio (“Mi último abrazo”). ¿Por qué importa esto? Porque cuando alguien famoso rompe un tabú, el resto empieza a hablar.
El contexto del duelo perinatal en Italia: ¿Por qué este caso conmocionó al país?
En Italia, hablar de muerte fetal era, hasta hace poco, casi un acto tabú. Las estadísticas oficiales indican que entre 2010 y 2020, hubo un promedio de 1.8 muertes fetales por cada 1.000 nacidos vivos. En cifras absolutas, eso se traduce en más de 600 bebés por año. Y aún así, los protocolos médicos no siempre incluían acompañamiento psicológico ni reconocimiento simbólico del duelo. Los padres, muchas veces, salían del hospital con el silencio como única compañía.
Lory del Santo rompió ese silencio en 2015. A sus 51 años, había decidido embarazarse mediante fecundación in vitro, después de años de intentos fallidos. El embarazo fue difícil, con amenazas de parto prematuro desde las 24 semanas. Hasta las 37 semanas, todo parecía avanzar. El bebé, al que ya había puesto el nombre de Andrea, movía con fuerza. La ecografía previa no mostró anomalías. Y entonces, nada. Ningún movimiento. Corrió al hospital. El corazón ya no latía.
¿Qué es exactamente la muerte fetal tardía?
Se define como la pérdida de un feto con más de 20 semanas de gestación o que pese más de 500 gramos. En el caso de Lory, el parto se indujo dos días después del diagnóstico. El bebé nació perfectamente formado, con 2.7 kilos. Fue entonces cuando ella decidió hacer algo inusual: tomó fotos. Con el bebé en brazos, vestido con un traje blanco, en su cama de hospital. No fue sensacionalismo. Fue ritual. Fue duelo. Fue un acto de amor frente al olvido que la sociedad impone.
¿Por qué el tabú persiste a pesar de las cifras?
Porque, seamos claros al respecto, nadie sabe bien cómo consolar a quien pierde a un hijo que no llegó a respirar. No hay nombre en el cementerio, no hay aniversario de nacimiento, no hay voz que echar de menos. Solo recuerdos de pateos, ecografías y planes rotos. El problema persiste: el dolor no es menos profundo, pero sí menos visible. Y es exactamente ahí donde Lory forzó una conversación nacional.
La historia de Lory del Santo: madre a los 51 años, viuda del hijo que nunca conoció
Ella no era una desconocida. Había sido figura mediática desde los 80, modelo, presentadora de televisión, actriz en series como Carabinieri y CentoVetrine. Su vida sentimental fue muy comentada: relaciones con figuras como Gianni Morandi o el productor Renzo Arbore. Pero nunca tuvo hijos. Hasta 2014. Tras un tratamiento de reproducción asistida en España, logró el embarazo.
Las primeras semanas fueron de euforia. Apareció en portadas con el vientre creciendo. Hablaba del bebé como un milagro. Y luego, el golpe. A las 37 semanas, todo se detuvo. El parto fue programado para el 18 de noviembre de 2015. Un bebé varón, con todas las características de un recién nacido sano, pero sin vida. Lory lo sostuvo durante horas. Luego, lo sepultó en el cementerio de Nettuno, cerca de Roma.
Y aquí es donde su historia se separa del guión tradicional. En lugar de desaparecer, regresó a la televisión meses después. En 2016, participó en L'Isola dei Famosi, el reality de supervivencia. No como distracción. Como exorcismo. Dijo en directo: “Estoy aquí porque necesito gritar al mundo que mi hijo murió”. El impacto fue inmediato. Las redes explotaron. Las llamadas a líneas de apoyo psicológico se duplicaron esa semana.
¿Fue su exposición saludable o una sobrecarga mediática?
Depende de a quién le preguntes. Algunos psicólogos elogiaron su valentía. Otros advertían del riesgo de revictimización. Pero lo que nadie puede negar es que su caso impulsó una ley. En 2017, Italia aprobó el reconocimiento del “duelo perinatal” como condición que requiere atención sanitaria. Hoy, en algunos hospitales, se entrega una certificación de nacimiento simbólica. Se permite que los padres tomen huellas, guarden mechones de pelo, elijan nombre. Eso lo cambia todo.
¿Qué dijo exactamente en sus declaraciones más polémicas?
En una entrevista con Corriere della Sera, afirmó: “No me consuela que haya sido ‘el destino’. Prefiero creer que fue un error médico. Porque si fue un error, al menos tiene sentido luchar”. Nunca se determinó una causa oficial de muerte, pero ella insinuó deficiencias en el seguimiento. El hospital negó negligencia. Pero el debate no fue sobre medicina. Fue sobre empoderamiento: ¿puede una madre cuestionar al sistema incluso sin pruebas? Yo encuentro esto sobrevalorado: la necesidad de pruebas. A veces, el dolor es evidencia suficiente.
Comparación con otros casos públicos de pérdida infantil: ¿Lory fue la primera?
En Italia, no. Pero sí la más influyente. Antonella Clerici, presentadora de cocina, perdió a su hijo en 2009, a los 8 meses de vida. Lo contó años después, con mesura. Alessia Marcuzzi, otra figura de la TV, perdió a su bebé en 2010, también en el útero. Habló con dolor, pero sin exponer imágenes. Lory fue distinta. Fue frontal. Fue visceral. Fue incómoda. Y por eso, trascendió.
La diferencia no fue el hecho, sino la forma. Mientras otras optaron por el recogimiento, ella eligió la exposición. Algunos la criticaron: “¿Por qué fotos del cadáver de un bebé?”. Pero basta decir: ¿por qué no? ¿Acaso no es su hijo? ¿Quién decide qué duelos son “demasiado fuertes” para mostrarse?
Lory del Santo vs. otros duendes mediáticos: ¿quién generó más impacto social?
Comparar no es juzgar. Es entender escalas. Marcuzzi sensibilizó. Clerici humanizó. Pero Lory movió políticas. Porque su caso coincidió con una oleada de activismo por los derechos reproductivos. Como resultado: en 2018, la región Lacio introdujo protocolos obligatorios de acompañamiento psicológico post-muerte fetal. Hoy, el 68% de los hospitales italianos ofrecen algún tipo de apoyo formal. Hace diez años, era menos del 25%.
¿Es sano convertir el duelo en activismo?
Para algunos, sí. Para otros, no. No hay receta. Lo que explica el impacto de Lory es que no vendió consuelo. Vendió verdad. Con lágrimas, fotos y rabia. Y quizás eso es lo que necesitaba el país: alguien que dijera “esto duele, y no voy a fingir que no”.
Preguntas frecuentes
¿Tuvo Lory del Santo otros hijos después de la pérdida?
No. A pesar de haber expresado el deseo de volver a intentarlo, no ha confirmado ningún embarazo posterior. En 2021, declaró: “El útero está vacío, pero el corazón sigue lleno”. Su vida actual gira en torno a la memoria de Andrea, su carrera artística y su activismo por los derechos de los padres en duelo.
¿Existe una fundación o asociación creada por ella?
No formalmente. Pero colabora activamente con A.I.N.I.P. (Associazione Italiana per la perdita prenatale), una ONG que apoya a familias tras muertes fetales. Ha donado miles de euros y participa en eventos anuales de sensibilización. Su testimonio figura en folletos oficiales del Ministerio de Salud italiano.
¿Qué síntomas podrían prevenir una muerte fetal como la de Andrea?
No siempre hay advertencia. Pero una disminución repentina de movimientos fetales después de las 28 semanas debe considerarse una emergencia. Estudios indican que el 40% de las muertes fetales tardías ocurren sin causas genéticas claras, a menudo vinculadas a problemas de placenta o cordón umbilical. El monitoreo regular y la educación materna son claves (aunque, honestamente, no está claro por qué algunos bebés sanos mueren sin razón).
Veredicto
Lory del Santo perdió a un hijo. Un solo hijo. No más. Pero ese uno cambió todo. Cambió su vida. Cambió el debate público. Cambió protocolos médicos. Estamos lejos de decir que el duelo está resuelto en Italia, pero estamos más cerca de nombrarlo. Y nombrar el dolor es el primer paso para no dejarlo en la sombra. Yo estoy convencido de que su legado no es solo emocional, sino político: el derecho a sufrir en voz alta. Porque a veces, una sola madre con una cámara y un corazón roto puede mover más que mil informes médicos. Y eso, al final, es lo que importa.