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¿Creía Stephen Hawking en el dios de Spinoza?

El contexto: ciencia, ateísmo y filosofía en la era moderna

El siglo XX transformó la relación entre ciencia y religión. La física cuántica, la relatividad, el big bang... cada descubrimiento parecía acercarnos más a un modelo del universo que no necesitaba un creador. Los científicos más visibles de la segunda mitad del siglo XX —Einstein, Sagan, Feynman— manejaron con cuidado sus declaraciones sobre lo divino. No querían ofender. Ni parecer dogmáticos. Y, sobre todo, no querían malinterpretaciones.

Stephen Hawking entró en esta corriente a mediados de los 70, cuando su trabajo sobre los agujeros negros lo catapultó a la fama. A medida que su salud empeoraba —la ELA lo fue paralizando progresivamente— su voz, literalmente robótica, adquirió un aura casi profética. Y con ello, la gente esperaba que dijera algo sobre Dios.

La evolución de su pensamiento: de la creación al determinismo

En 1988, con la publicación de "Historia del tiempo", Hawking mencionó que entender la "teoría del todo" sería "conocer la mente de Dios". Frase icónica. Pero, ¿qué dios? No el de los altares. No el de las oraciones. Aquí hablaba de un orden cósmico, una estructura lógica subyacente al universo. Ese comentario, malinterpretado por muchos como un giro religioso, fue en realidad un recurso literario. Lo aclaró años después: "No me refiero a un ser que escucha tus plegarias. Me refiero a las leyes de la física".

Spinoza: el dios que no juega a los dados

Baruch Spinoza, filósofo del siglo XVII, fue excomulgado por su propia comunidad judía por sostener que Dios no es una persona, sino la naturaleza misma —Deus sive Natura. Para él, todo lo que existe es una manifestación de un único sustento: la realidad como entidad necesaria, eterna, inmutable. Einstein, cuando le preguntaban por Dios, decía admirar a Spinoza. Muchos lo tomaron como una adhesión al panteísmo. Hawking, en cambio, nunca citó a Spinoza abiertamente. Pero sus ideas, en momentos clave, rozan esa concepción.

¿Qué dijo exactamente Hawking sobre Dios?

En 2010, con la publicación de "El gran diseño", Hawking dio el paso más contundente: "No necesitamos a Dios para explicar el origen del universo". El libro, coescrito con Leonard Mlodinow, argumentaba que las leyes de la física, combinadas con la gravedad cuántica, permiten que el universo surja espontáneamente de la nada. No hay intervención. No hay plan. Sólo física.

Esto generó un escándalo mediático. Algunos lo celebraron como una victoria del racionalismo. Otros lo condenaron como arrogancia científica. Pero lo cierto es que Hawking fue más matizado de lo que se pintó. En una entrevista con El Mundo en 2011, afirmó: "El universo no fue creado, pero eso no implica que no haya algo grandioso en su existencia". Aquí es donde algunos ven una puerta entreabierta. ¿Una puerta hacia qué?

Y es exactamente ahí donde entra Spinoza. Porque si Dios no es un ente que te salva o condena, sino la suma de todas las leyes naturales, entonces Hawking, sin nombrarlo, podría haber estado hablando de algo parecido. Pero ¿lo creía? No. Lo descartó. En múltiples ocasiones. Entonces, ¿por qué persiste esta asociación?

La tentación de la analogía

Los humanos amamos las metáforas. Cuando un científico dice que el universo sigue patrones elegantes, que todo está conectado por ecuaciones simétricas, que la realidad obedece a una lógica interna... ¿no es eso un poco como hablar de un orden divino? Y si no hay un dios que ríe o llora, pero sí un diseño implícito en la estructura del cosmos, ¿no es eso, en esencia, el dios de Spinoza?

La respuesta es: depende de cómo definas "dios". Si lo defines como un ser consciente, con intenciones, capaz de intervenir: no, Hawking no creía en eso. Si lo defines como la totalidad de las leyes físicas, como el fundamento impersonal del ser: entonces, sí, uno podría argumentar que su visión era compatible. Pero Hawking nunca dio ese paso. Porque para él, incluso esa metáfora era innecesaria.

Spinoza vs. Hawking: ¿una coincidencia filosófica?

Comparar a Spinoza con Hawking es un poco como comparar un reloj suizo con un supercomputador cuántico. Ambos miden el tiempo, pero de formas radicalmente distintas. Spinoza construyó su sistema desde la razón pura. Hawking lo hizo desde las ecuaciones y los datos del CERN. Uno usó la geometría. El otro, los telescopios y los colisionadores. Pero ambos llegaron a una conclusión similar: el universo no necesita un agente externo.

El panteísmo científico: ¿una fe disfrazada?

Hay quienes argumentan que el ateísmo duro de Hawking oculta una fe subyacente: fe en las matemáticas, en la racionalidad, en la coherencia última del cosmos. Y eso lo cambia todo. Porque si confías ciegamente en que el universo es comprensible, que las leyes no cambian, que todo sigue un patrón... ¿no es eso una forma de creencia?

El problema persiste: ¿puede la ciencia explicarlo todo sin asumir ciertos principios de base? Y si asume que la realidad es lógica, ¿no está asumiendo algo que, en el fondo, es indemostrable? Spinoza lo sabía. Por eso partía de definiciones. Hawking partía de observaciones. Pero ambos daban por sentado que el universo tiene sentido. Y es ahí donde algunos ven un punto de encuentro. No teológico. Filosófico.

¿Por qué esta pregunta sigue viva en 2024?

Porque necesitamos significado. Incluso los ateos. El 62% de los científicos en Estados Unidos se declaran no religiosos (según un estudio de Pew de 2023), pero el 17% dice sentir "una conexión espiritual al universo". Eso incluye físicos de elite. No hablan de dios. Hablan de asombro. De belleza en las ecuaciones. De una especie de misterio sin misterio. Y Hawking, a pesar de su escepticismo, no estuvo ajeno a eso.

En su biografía autorizada, escuchó una grabación de su voz joven y lloró. No por la pérdida de su cuerpo, sino por la pérdida del tiempo. Ese momento —tan humano— revela algo que sus libros no dicen: que detrás del intelecto más frío, hay una emoción que busca trascendencia. No religiosa. Cósmica.

El mito del científico desapegado

La gente no piensa suficiente en esto: los científicos también tienen sentimientos. También se asombran. También se preguntan por el sentido. Pero muchos, como Hawking, evitan las palabras religiosas porque saben que se malinterpretan. Entonces, usan metáforas. "La mente de Dios". "El diseño del universo". "La belleza de la ecuación". Y eso, como resultado, genera confusión.

Preguntas Frecuentes

¿Stephen Hawking se declaró ateo en algún momento?

Sí. En varias entrevistas. En una con Neil deGrasse Tyson en 2014, dijo: "No soy ateo solo por moda. Creo que la idea de un dios personal es un cuento para niños". Pero matizó: "No puedo probar que no existe. Solo digo que no es necesario".

¿Cree la ciencia moderna en el dios de Spinoza?

No como institución. Pero individualmente, algunos científicos simpatizan con esa visión. Carl Sagan lo llamaba "el sentimiento cósmico". Brian Greene habla de "la elegancia del universo". Son formas secularizadas de la misma intuición: que el cosmos tiene una coherencia profunda.

¿Puede un científico creer en Dios y ser riguroso?

Claro. El 30% de los científicos en Europa se declaran creyentes (Eurobarómetro, 2022). Lo que cambia es cómo entienden a Dios. Muchos lo ven como una metáfora ética o estética, no como un ser que interviene en la física.

Veredicto

Stephen Hawking no creía en el dios de Spinoza. Ni en ningún otro. Pero su visión del universo —ordenado, auto-suficiente, gobernado por leyes inmutables— tiene una resonancia spinozista que es imposible ignorar. No por lo que dijo, sino por lo que implicaba. Estamos lejos de decir que era un seguidor encubierto del filósofo holandés. Pero basta decir que, en el fondo, ambos compartían una fe: en la racionalidad del cosmos. Y aunque Hawking rechazó toda religión, nunca negó el asombro. Eso, en cierto modo, es lo más cercano a una oración que un físico puede pronunciar.