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¿Existía la música en tiempos de Jesús? Una mirada sin mitos a los sonidos del primer siglo

Cómo sonaba el mundo judío cuando Jesús nació: rituales, instrumentos y silencios obligados

El primer siglo en Palestina era una maraña de culturas chocando: griega, romana, persa, y por supuesto, judía. Todo eso dejó huella en los sonidos del día a día. Los templos tenían coros de levitas entrenados durante años. Se usaban flautas de caña, címbalos de bronce, y arpas pequeñas, algunas similares a la nevel mencionada en el Antiguo Testamento. Pero no todo era liturgia. En las calles de Cafarnaúm o Jerusalén, oías niños gritando, mercaderes regateando, y sí, canciones populares que nadie escribió pero que se pasaban de boca en boca. Yo encuentro sobrevalorado ese mito de que la religión judía era puramente verbal. La gente cantaba. Rezaba cantando. Hasta sufría en tono lloroso.

Y es exactamente ahí donde la cosa se complica. Porque la música no era neutral. Durante las festividades, el Shofar (una trompeta de carnero) marcaba el tiempo sagrado. Pero en tiempos de luto o expiación, como en el Día de Expiación, todo instrumento quedaba en silencio. Ese contraste entre estruendo ritual y silencio absoluto era intencional. Era una forma de marcar lo sagrado: no por lo que se oía, sino por lo que dejaba de oírse. Para nosotros, hoy, donde el ruido es constante, eso lo cambia todo. Imagina un espacio público sin música comercial, sin anuncios sonoros, sin ruido de fondo... salvo en momentos específicos. Eso era allí.

Los datos aún escasean, pero hay evidencia arqueológica. En excavaciones cerca del Monte del Templo, se halló una inscripción en griego que dice: “Puesto de las cantoras”. No es mucho, pero basta decir que había mujeres encargadas de la música litúrgica en zonas accesibles del templo. ¿Cómo se organizaban? ¿Qué escalas usaban? No lo sabemos con certeza. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si usaban una escala heptatónica como la occidental o algo más cercano al modo misolidio griego. Lo que sí sabemos es que el canto era oral y memorizado, sin partituras, transmitido por generaciones. Un sistema frágil, pero efectivo.

Instrumentos del primer siglo: entre lo sagrado y lo profano

El uso ritual de la flauta y el arpa en el culto judío

El arpa, o kinnor, era un instrumento de cuerdas de madera ligera, con entre 8 y 12 cuerdas. Se usaba tanto en festividades como en momentos de consuelo. David, rey y músico mítico, lo popularizó. Pero en tiempos de Jesús, su uso estaba principalmente reservado para el Templo. Flautistas (llamados halilim) tocaban en bodas, funerales y celebraciones. Eran músicos de oficio, no aficionados. Algunos incluso viajaban con sus familias de pueblo en pueblo. Y sí, en los funerales, el llanto organizado iba acompañado de flautas: sonidos agudos, repetitivos, casi hipnóticos. No era música agradable para nuestros oídos modernos, pero cumplía una función social precisa: marcar el duelo como colectivo, no individual.

¿Qué prohibiciones musicales existían en el judaísmo?

El problema persiste al entender que no toda música era bienvenida. Tras la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.C., muchos rabinos prohibieron el uso de instrumentos musicales fuera del culto. Pero eso fue después de Jesús. En su tiempo, la línea era más flexible. Aun así, en ciertas sectas, como los esenios de Qumrán, el uso de instrumentos estaba restringido. Ellos vivían en comunidades aisladas y creían que la verdadera alabanza era silenciosa, espiritual. Así que no es que no hubiera música, sino que su significado variaba drásticamente según la tribu, la región o la clase social. Para un fariseo de Jerusalén, una flauta en un banquete podía ser aceptable. Para un esenio, era una distracción mundana.

Música y política: cómo los romanos impusieron sus ritmos en Palestina

Roma no solo conquistó con legiones, sino con cultura. Las trompetas militares (tubas y salpinx), los tambores y los cantos de guerra se escuchaban desde Cesarea hasta Jericó. Los romanos usaban la música como herramienta de control. Marchas, himnos, espectáculos teatrales con música griega… todo formaba parte del pax romana sonora. Para muchos judíos, eso era una invasión doble: no solo ocupaban el territorio, sino también el espacio auditivo. Imagina caminar por una plaza y oír una canción en griego celebrando al emperador mientras tú rezas en arameo por la liberación. Eso no es solo incómodo. Es simbólico.

Como resultado: surgieron formas de resistencia musical. Algunos grupos usaban cantos en arameo con ritmos rápidos, casi como códigos. Otros reivindicaron los salmos como himnos de identidad. El Salmo 137 —“Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos llorando”— no solo era poesía, era un himno de exilio. Y probablemente se cantaba en reuniones clandestinas. ¿Lo cantó Jesús? No hay pruebas directas, pero es razonable pensar que sí. Era un texto conocido, y su mensaje de esperanza en medio del sufrimiento encajaba con su predicación.

La música, entonces, no era entretenimiento. Era memoria histórica. Era política disfrazada de oración.

Jesús y la música: ¿era músico o usaba el canto en su enseñanza?

No hay registros de que Jesús tocara un instrumento. Tampoco que compusiera salmos. Pero los evangelios sí dicen algo crucial: cantaron un himno después de la Última Cena. Mateo 26:30 y Marcos 14:26 mencionan esto brevemente. “Después de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos”. ¿Qué himno? Muy probablemente el Hallel (Salmos 113-118), que se cantaba en la Pascua. Así que estamos hablando de un momento cargado de significado: Jesús, sabiendo lo que le esperaba, canta con sus discípulos un salmo de liberación. Ironía suave, pero poderosa: canta sobre la salida de Egipto mientras él mismo se prepara para su propia salida. ¿No es eso profundamente musical en su estructura narrativa?

Además, su estilo de enseñanza —parábolas, repeticiones, ritmo en las bienaventuranzas— tiene cualidades casi poéticas, casi cantadas. “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Eso tiene un pulso. Una cadencia. No era prosa plana. Era palabra performada. Y es justo ahí donde muchos pasan por alto el aspecto sonoro de su mensaje. No necesitaba un arpa para ser músico. Su voz era su instrumento.

Música en tiempos de Jesús vs. música en la Iglesia primitiva: rupturas y continuidades

Del templo al cenáculo: transformación del sonido religioso

La Iglesia primitiva heredó el salterio judío, pero lo adaptó. Los cánticos en griego, como el Logos de Juan, se entonaban con tonalidades específicas. Pablo, en sus cartas, exhorta a “cantar con salmos, himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16). Eso no es una sugerencia. Es una instrucción litúrgica. Y aquí es donde se nota el cambio: ya no hay templo, ya no hay levitas oficiando. La música se democratiza. Cualquiera puede cantar. Cualquiera puede componer. Para hacerse una idea de la escala: mientras en el Templo había unas decenas de músicos oficiales, en las comunidades cristianas del siglo II, miles de personas participaban activamente en el canto.

La pérdida de la música judía original: ¿por qué no sabemos cómo sonaba realmente?

Porque la transmisión fue oral, porque Roma destruyó el centro musical (el Templo), y porque los sistemas de notación de la época eran rudimentarios. Sí, hay vestigios. El canto piyut, por ejemplo, conserva estructuras métricas antiguas. Pero reconstruir el sonido preciso de un salmo cantado en el año 30 d.C. es como tratar de adivinar el sabor exacto de un vino que se derramó hace dos milenios. Honestamente, no está claro. Y aunque algunos musicólogos han intentado recrearlo (como el proyecto “Music of the Bible Revealed” de 1978), son interpretaciones, no certezas.

Preguntas Frecuentes

¿Qué instrumentos musicales se usaban en la época de Jesús?

Los más comunes eran la flauta de caña (halil), el arpa (kinnor), el shofar (trompeta de carnero), címbalos y tambores pequeños. También se usaban liras griegas en contextos helenizados.

¿Cantaba Jesús con sus discípulos?

Sí. Los evangelios registran que cantaron un himno tras la Última Cena. Este detalle, aunque breve, es clave para entender su vínculo con las tradiciones judías de alabanza.

¿La música era solo para el culto o también para el entretenimiento?

No era exclusiva del culto. Había música en bodas, funerales, festivales y banquetes. Incluso en protestas. La línea entre lo sagrado y lo profano era más permeable de lo que muchos creen.

Veredicto: la música no solo existía, era esencial

Estamos ante una paradoja. Por un lado, no tenemos grabaciones, no tenemos partituras, no tenemos testimonios directos de cómo sonaba un sábado en Nazaret. Por otro, todo indica que la música estaba por todas partes. No como adorno, sino como estructura. Como lenguaje emocional. Y si pretendes entender a Jesús sin considerar el mundo sonoro que lo rodeaba, estás perdiendo una pieza fundamental. No, no había conciertos como hoy. Pero sí había cantos en el camino, ritmos en las protestas, silencios cargados de significado. Yo estoy convencido de que su voz, su tono, su ritmo al hablar, eran tan importantes como sus palabras. Y quizás, solo quizás, cuando dijo “el que tenga oídos, que oiga”, no se refería solo al contenido… sino también a la forma. A la música detrás del mensaje.