TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
ETIQUETAS ASOCIADAS
aunque  beatles  buscaba  canciones  casino  cuerpo  epiphone  favorita  gibson  guitarra  instrumento  lennon  primera  rickenbacker  sonido  
ÚLTIMAS PUBLICACIONES

¿Cuál era la guitarra favorita de John Lennon?

Esto no es solo una cuestión de cuerdas y maderas. Es sobre identidad. Sobre cómo un instrumento puede convertirse en extensión de una voz, de una estética, de una época. Lennon no era un virtuoso técnico. No buscaba solos infinitos ni perfección técnica. Él buscaba el sonido que rompiera la distancia entre emoción y expresión. Y cada guitarra que tocó, desde la primera hasta la última, fue elegida por algo más que por su nombre en el diapasón.

La Rickenbacker 325: El comienzo de todo (1960-1964)

La historia comienza en un almacén polvoriento de Hamburgo, en agosto de 1960. El joven Lennon, apenas con 20 años, entró en una tienda de música y salió con una Rickenbacker 325 en tono azul marino. No era la guitarra más potente, ni la más cara. De hecho, era una de las más pequeñas del catálogo de Rickenbacker en ese momento: cuerpo compacto, mástil corto, escala de solo 20 pulgadas. Pero tenía algo: un brillo metálico, una claridad que cortaba la niebla del Star-Club y los ecos de las cervezas derramadas.

Este fue el instrumento que sonó en “Love Me Do”, en las versiones tempranas de “Please Please Me”, en los shows de la Cavern. No era una guitarra diseñada para estadios. Era una guitarra de club, de energía cruda. Y funcionó. La usó hasta 1963, cuando Rickenbacker, aprovechando el fenómeno Beatles, le regaló una nueva 325 actualizada —esta vez en negro, con más pastillas y mejor electrónica—. Aun así, él siguió trayendo la original a los estudios. Por costumbre. Por conexión. Por superstición.

El problema persiste: muchos asumen que porque fue la primera, fue la favorita. Pero Lennon, con su humor ácido, dijo una vez: “Era demasiado pequeña, apenas aguantaba el encordado. La afinación se iba al diablo después de diez minutos”. Y es exactamente ahí donde debemos cuestionar la noción de “favorita”: ¿fue su preferida por amor, o por necesidad? Porque en ese momento, no tenía muchas opciones.

Pero no subestimemos el peso simbólico. La 325 no era solo un instrumento. Era el arma de un grupo que desafiaba el orden musical británico, que mezclaba rock, skiffle y R&B en algo nuevo. Y cuando Lennon la levantaba frente a las cámaras, no mostraba un ícono del rock. Mostraba un tipo normal, con un instrumento modesto. Eso lo cambia todo. La accesibilidad era parte del mensaje.

La Gibson J-160E: Cuando el acústico se volvió eléctrico

¿Por qué una acústica con pastillas?

En 1962, Lennon adquirió una Gibson J-160E. No una eléctrica convencional, sino una acústica con micrófonos incorporados. Un híbrido. La usó por primera vez en “I Want to Hold Your Hand”, y desde entonces, se convirtió en su elección principal para grabar canciones acústicas con proyección. Era la guitarra de “Imagine”, de “Mother”, de “Jealous Guy”. Sonidos íntimos, pero amplificados.

Su diseño permitía que Lennon compusiera en silencio en su habitación y luego conectara directamente al amplificador. Práctico. Inteligente. El tipo de solución que alguien que no amaba los tecnicismos pero necesitaba resultados directos, valoraría profundamente. No era una guitarra para solos. Era una guitarra para canciones.

El sonido detrás de la imagen

La J-160E no tenía el brillo de la Rickenbacker ni el peso de una Les Paul, pero tenía alma. Su cuerpo tipo dreadnought, combinado con pastillas P-90, daba un sonido cálido, ligeramente saturado cuando se acercaba al micrófono. En “You’ve Got to Hide Your Love Away”, por ejemplo, el punteo acústico no suena como grabado en estudio. Suena como si estuviera en tu sala. Ese fue el efecto que Lennon buscaba: la sensación de que la música no estaba producida, sino revelada.

Y ahí está la paradoja: mientras el mundo lo veía como una figura monumental, él usaba una guitarra que humanizaba su sonido. No exageraba. No dramatizaba. Solo decía las cosas. Como si la J-160E fuera la extensión perfecta de su forma de hablar: directa, a veces cruda, siempre sincera.

La Epiphone Casino: El sonido del cambio (1965-1980)

Lennon compró su Epiphone Casino en 1965, al mismo tiempo que George Harrison adquirió la suya. Una guitarra semihueca, de doble pastilla humbucker, originalmente diseñada para jazz. Pero Lennon la usó para todo lo contrario: para distorsión, para riffs agresivos, para experimentación. La pintó de blanco en 1966, luego la dejó en su estado natural (madera desnuda) en 1968, después de quemarla simbólicamente con cigarrillos durante sesiones de meditación.

¿Cuántas canciones clásicas fueron grabadas con ella? “Revolution”, “Day Tripper”, “Come Together”, “I Am the Walrus”. No son solo éxitos. Son momentos en los que The Beatles dejaron de ser una banda pop y se convirtieron en arquitectos del sonido. Y ahí, la Casino fue central. Su timbre agresivo, su capacidad para mantener la claridad bajo distorsión extrema, la hizo ideal para el giro psicodélico del grupo.

Y es interesante, porque Lennon nunca fue un fanático de las guitarras semihuecas. Solía decir que “resonaban como cajas de zapatos”. Pero con la Casino, hizo una excepción. Porque podía ser manipulada. Podía ser rotada, desafinada, golpeada. Podía convertirse en un instrumento de ruido. Y eso, para él, era libertad.

Esta guitarra sobrevivió al divorcio de The Beatles. La llevó a sus sesiones con los Plastic Ono Band. La usó en el álbum Live Peace in Toronto 1969. La tenía en casa hasta su muerte. Algunos técnicos dicen que era la única guitarra que él afinaba personalmente. Los datos aún escasean, pero hay testimonios de Yoko Ono diciendo que la mantenía al lado de su cama. Eso no lo hace solo su favorita técnica, sino emocional.

Rickenbacker vs Epiphone vs Gibson: ¿Cuál triunfa?

Rickenbacker 325: El icono visual

Es la guitarra más reconocible de las tres. La que aparece en fotos en blanco y negro, en escenarios pequeños, en los ojos de millones de adolescentes en 1963. Pero era funcionalmente limitada. No aguantaba bien el trasteo fuerte. Se desafinaba. Y aunque fue clave en la imagen, su vida útil como instrumento activo fue corta. Se quedó en el pasado, como un símbolo, no como una herramienta viva.

Gibson J-160E: El alma en las baladas

Perfecta para la intimidad. Ideal para componer. Pero no servía para el rock crudo. No tenía el ataque necesario. No era versátil en directo. Y aunque sonó en algunas de sus canciones más profundas, no fue su elección para momentos de confrontación musical. Era más una compañera de escritura que de batalla.

Epiphone Casino: La guerrera

La que estuvo en todas las fases. La que sonó en estadios, en protestas, en estudios llenos de experimentos. La que él modificó, grabó, quemó. La única que sobrevivió a todo. Aquí es donde se complica la respuesta. Porque si “favorita” significa “la que más uso”, “la que más significado emocional tuvo”, “la que más sonó en sus momentos clave”, entonces no hay duda: fue la Casino.

Preguntas Frecuentes

¿Vendió John Lennon su Epiphone Casino alguna vez?

No. Aunque fue robada brevemente en 1977 durante un traslado, fue recuperada. Permaneció en su posesión hasta su muerte. Hoy está en manos de Yoko Ono, y no ha sido exhibida públicamente desde principios de los 2000.

¿Cuánto vale hoy una Epiphone Casino usada por Lennon?

En 2015, una guitarra similar (pero no idéntica) se vendió en subasta por 2.4 millones de dólares. La suya, en condiciones únicas, podría superar los 5 millones si saliera al mercado. Pero está claro que no lo hará.

¿Usó Lennon alguna Fender Stratocaster?

Pocas veces. Aunque las tenía en el estudio, nunca desarrolló vínculo con ellas. “Demasiado pulidas”, dijo una vez. “Como un coche nuevo. No tienen cicatrices”. Prefirió siempre instrumentos con historia, con desgaste visible.

Veredicto: La favorita era la que le permitía ser honesto

Estamos lejos de decir que una sola guitarra lo fue todo. Pero si debo tomar posición —y honestamente, no está claro que deba—, me quedo con la Epiphone Casino. No porque fuera la más bonita, ni la más cara, sino porque fue la más fiel. La que no le pidió perfección. La que sonó mal cuando quiso sonar mal. La que aguantó el fuego, literal y metafórico.

La Rickenbacker es la respuesta fácil. La Gibson, la romántica. Pero la Casino fue la verdadera. Aquella con la que gritó contra la guerra, con la que rompió estructuras armónicas, con la que tocó hasta que los dedos sangraban. Y basta decir: si un instrumento mide su valor por lo que permite decir, entonces esta fue su lengua más auténtica.

Yo encuentro esto sobrevalorado: la idea de que los íconos necesitan íconos. Lennon no necesitaba una guitarra mítica. Necesitaba una que no lo traicionara. Y esa fue la Casino. Para el resto de nosotros, que buscamos herramientas para expresarnos, quizás esa sea la lección más grande: no busques el mito. Busca lo que suena como tú.