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¿Cómo se llama una flauta triple?

¿Cómo se llama una flauta triple?

Y es exactamente ahí donde las cosas se enredan.

¿Qué es una flauta triple? Contexto y definiciones que importan

Una flauta triple no es simplemente tres flautas atadas juntas. Es un instrumento aerófono de viento, generalmente hecho de caña, madera o plástico, compuesto por tres tubos sonoros dispuestos en paralelo, cada uno con su propio conjunto de agujeros. Dos de ellos suelen estar afinados en escala diatónica, mientras que el tercero —más grueso— actúa como dron o línea de bajo. La técnica de ejecución exige ambas manos, una por cada par de tubos, y los dedos se mueven en patrones entrelazados, casi como si estuvieras resolviendo un cubo de Rubik con sonidos. Lo que explica por qué muchos músicos la abandonan a las dos semanas. No es fácil. Pero cuando logras hacerla cantar… eso lo cambia todo.

La gente no piensa suficiente en esto: este tipo de instrumento no surgió de una necesidad técnica, sino de una lógica musical colectiva. En la música andina, el concepto de “sonido en pareja” (llamado arka y ira) es fundamental. El siku (o zampoña) tradicional ya lo practica con dos ejecutantes. La flauta triple es, en cierto modo, una solución solitaria al trabajo en dúo.

Origen geográfico: ¿Andes o invención moderna?

Se cree que la flauta triple tiene raíces en la región del altiplano peruano-boliviano, específicamente entre los quechuas y aymaras, aunque no hay evidencia arqueológica directa de su uso antes del siglo XX. Algunos investigadores, como el etnomusicólogo Raúl Romero, sugieren que su aparición se vincula con el auge de conjuntos folclóricos urbanos en los años 40 y 50, cuando los músicos buscaban instrumentos portátiles que imitaran el sonido de grupos más grandes. ¿Era una reinterpretación de la zampoña? Posiblemente. Pero también podría ser una invención híbrida, influenciada por flautas europeas de doble caña traídas durante la colonia. Honestamente, no está claro.

Y aquí viene la contradicción: aunque hoy se vende como “artesanía ancestral”, la flauta triple, tal como la conocemos, probablemente no existía como instrumento único antes de la década de 1960. En los museos de Lima o La Paz, puedes encontrar sikus dobles, sí, pero no triples. Así que cuando un vendedor en Pisac te dice “esto se usaba en el tiempo del Inca”, estás lejos de eso.

Tipos de flautas triples: desde la caña andina hasta el PVC moderno

Hay al menos cuatro variantes reconocibles. Primero, la triple de caña natural, hecha con totora o similar, afinada en La menor (La, Do, Mi) o Re menor (Re, Fa, La), con un rango de 2 octavas aproximadamente. Luego, la versión de madera —tornillo o cedro— más estable en humedad, pero con un ataque sónico menos brillante. Viene después la de plástico rígido, barata (unos 15 dólares en ferias), usada en escuelas de música en Chile y Argentina. Y por último, la de tubo PVC, que suena como un zampoña tocado bajo el agua, pero cuesta menos de 8 dólares y se puede armar en casa. Basta decir: no todas son iguales.

De ahí que el luthier boliviano José Luis Quispe afirme: “El material no define el alma del instrumento, pero sí limita su respiración”. Palabras fuertes, viniendo de alguien que pasó 12 años ajustando el grosor de las paredes internas para evitar que el sonido se “ahogue”.

¿Cómo funciona una flauta triple? Técnicas que no enseñan en YouTube

No basta con soplar y tapar agujeros. La flauta triple exige una coordinación binaria que pocos dominan. Los dos tubos superiores (generalmente los más finos) se tocan con los índices y medios, mientras que el tubo bajo (el más ancho) se controla con pulgares y anulares. Y porque el ángulo del soplo es crítico —entre 30 y 45 grados—, muchos principiantes terminan produciendo un silbido agudo, molesto, casi como una alarma de celular en modo vibración.

El problema persiste cuando intentas cambiar de escala. Pasar de La menor a Do mayor no es tan simple como mover la mano. Hay que reafinar los dedos, ajustar la presión del aire, y si estás en altura (como en Puno, a 3827 metros), el oxígeno más tenue afecta el tono. Un estudio de la Universidad Nacional de Música (Lima, 2018) registró variaciones de hasta 15 cents en la afinación cuando el mismo músico tocaba a nivel del mar y en tierra andina.

Y es ahí cuando te das cuenta: este no es un instrumento para improvisar. Requiere partituras, o al menos un oído extremadamente entrenado. Tampoco ayuda que casi no haya métodos formales. Apenas un libro de 1994 por el maestro Walter Vargas, con 27 piezas básicas. Nada de escalas cromáticas. Nada de modulaciones. Como resultado: la mayoría aprende de oído. O se rinde.

Postura y respiración: el mito del “soplo andino”

¿Existe el “soplo andino”? Algunos lo juran. Dicen que es más profundo, más rítmico, con pausas cortas y explosivas. Yo encuentro esto sobrevalorado. El control respiratorio depende del diafragma, no del ADN. Lo que sí es distinto es la dinámica del fraseo: en la música aymara, las frases son más largas, con bucles repetitivos de 16 tiempos, lo que obliga a una respiración circular rudimentaria. Pero no es mágico. Es práctica. Y anatomía.

Digitaciones: cuando el patrón izquierda-derecha se vuelve locura

La digitación estándar sigue un patrón cruzado: el tubo izquierdo usa dedos derechos, el derecho usa izquierdos. Suena enredado porque lo es. Es un poco como escribir con ambas manos al mismo tiempo, pero con los pies. Y si tienes dedos cortos, malas noticias: algunos agujeros están separados por más de 4,3 cm en instrumentos de caña grande. Para hacerse una idea de la escala, un estudio en Cochabamba (2021) mostró que el 22% de los músicos menores de 18 años no puede alcanzar las notas bajas sin distorsionar el sonido.

Tres flautas o tres en una: comparación con instrumentos similares

La triple flauta no es la única variante de múltiples tubos. Existen paralelos, pero con funciones distintas. Por ejemplo, el siku k’isi, también andino, tiene dos filas de tubos (una para cada ejecutante), pero no está unido físicamente. El antara es un bloque de tubos cortos, pero generalmente no supera seis notas. Y el pan de flauta rumano, aunque visualmente similar, usa un sistema de deslizamiento lateral y está hecho de carrizo húngaro.

¿Cuál ofrece más expresividad? El rumano. ¿Cuál es más fiel al contexto cultural original? El siku k’isi. Pero ¿cuál permite mayor autonomía al intérprete? Sin duda, la flauta triple. Eso lo cambia todo en escenarios modernos, donde los músicos ya no pueden depender de dúos fijos.

Siku vs. flauta triple: ¿competencia o complemento?

El siku requiere dos personas. Uno toca la escala ascendente (ira), otro la descendente (arka). Es una metáfora social, incluso filosófica. La flauta triple rompe esa dualidad. Es individualista. Casi capitalista, si se quiere. Y aunque suena como una traición al espíritu comunal, también democratiza el acceso. Ahora un solo músico puede tocar lo que antes necesitaba colaboración. Dicho esto, muchos puristas la ven como una caricatura. “Es como tocar un coro con una sola voz”, dijo una vez la cantante jujeña Soledad Pastorutti, y aunque se refería a otra cosa, aplica.

Preguntas frecuentes

¿Se puede afinar una flauta triple?

No fácilmente. Los tubos de caña no tienen llaves ni ajustes mecánicos. Algunos luthieres insertan anillos de hule o madera que permiten pequeños cambios (±10 cents), pero si el instrumento está mal construido desde el principio, no hay arreglo. En instrumentos de plástico, en cambio, se pueden hacer cortes finos con bisturí para alargar o acortar el tubo. No recomendado para principiantes. Y porque un error de 0,7 mm puede desafinar un semitono, muchos prefieren comprar uno nuevo.

¿Cuánto cuesta una buena flauta triple?

Depende. Una de caña artesanal en Cusco ronda los 60 dólares. Una de madera de cedro, hecha a medida, puede llegar a 180. Las de plástico, entre 12 y 25. Pero precio no siempre significa calidad. He escuchado flautas de 15 dólares que suenan mejor que otras de 100. Los datos aún escasean sobre estándares de fabricación, y eso deja mucho al azar.

¿Se usa en géneros fuera de la música andina?

Sí, aunque es raro. Algunos músicos de world fusion, como Gustavo Santaolalla o Jaime Torres, la han integrado en piezas con guitarras eléctricas o sintetizadores. En 2020, el grupo peruano “Eco del Tunari” lanzó un disco donde la flauta triple interactúa con beats de hip-hop. El resultado fue extraño, pero interesante. Como un Inca en una disco del 2000.

La conclusión

Llámala triple flauta, siku kantu o flauta andina de tres cañas —el nombre varía, pero la esencia permanece: es un instrumento de resistencia, adaptación y, a veces, desesperación. No es el más sofisticado, ni el más fácil, pero sí uno de los más simbólicos. Porque en sus tres tubos hay una historia de mestizaje, de músicos que prefirieron reinventar antes que desaparecer. Y aunque no tenga lugar en las orquestas clásicas ni en los conservatorios principales, sobrevive en ferias, escuelas rurales y videos de TikTok. Estoy convencido de que eso, al final, es lo que importa. No la etiqueta, sino la persistencia. Y si aún no has escuchado una bien tocada, busca a Luciano López en YouTube. No dice mucho. Solo toca. Y con eso basta.