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¿Cuántos tonos tiene una canción?

El sistema temperado: ¿Por qué doce tonos y no quince?

Doce. Esa es la respuesta que la mayoría espera. Doce tonos en una octava. Do, Do#, Re, Re#, Mi, Fa, Fa#, Sol, Sol#, La, La#, Si. Y luego, de vuelta a Do. Este es el sistema occidental temperado igual, adoptado mayormente desde el siglo XVIII. Pero ¿por qué doce? Por razones matemáticas, históricas, y también humanas. El intervalo de octava (2:1 en frecuencia) es universalmente consonante. Dentro de esa octava, el quinto (3:2) también lo es. Si vas apilando quintas —Do a Sol, Sol a Re, Re a La…— y ajustas los resultados para que encajen en una octava, después de 12 quintas llegas casi al punto de partida. No exactamente, claro. Hay un pequeño desajuste llamado coma pitagórico. Pero en el temperamento igual, ese error se reparte uniformemente. Así, todos los semitonos son iguales. Práctico. Funciona. Pero no del todo natural. Es una compromiso matemático, no una verdad revelada. Y es exactamente ahí donde muchos músicos microtonales levantan una ceja. Porque, ¿y si no aceptamos ese compromiso?

El origen histórico del sistema de doce notas

La división en doce no surgió de la nada. Pitágoras ya jugaba con quintas en el siglo VI a.C. Su escala, basada en quintas puras, generaba problemas de cierre. Luego, en el Renacimiento, músicos como Zarlino introdujeron tercera puras (5:4). Pero aún no se resolvía el problema de transposición. No fue hasta el Barroco, con J.S. Bach y su Clave bien temperado (1722), que el sistema comenzó a asentarse. Bach demostró que se podía componer en cualquier tonalidad sin que sonara desafinado. Fue un logro técnico… y artístico. El sistema se expandió con la orquesta, el piano, la educación musical formal. Hoy, domina. Pero domina como una convención, no como una ley física.

¿Es la escala de doce tonos universal?

No lo es. Y eso lo cambia todo. En la música gamelán de Indonesia, por ejemplo, se usan escalas como pelog (5 tonos) o slendro (5 tonos, pero espaciados distinto). En la India, el shruti reconoce hasta 22 subdivisiones microtónicas por octava. El maqam árabe emplea cuartos de tono. El sistema occidental de doce tonos es solo una posibilidad entre muchas. Pero tiene ventaja: su estandarización permitió la armonía funcional compleja, la modulación, la escritura polifónica. No es mejor. Es diferente. Y a menudo se le da un estatus de “normalidad” que no merece.

¿Una canción puede tener solo un tono? La monodía como respuesta radical

Sí. Y no solo puede, sino que ha existido durante milenios. El canto gregoriano, por ejemplo, es esencialmente monódico. Una sola línea melódica, sin acompañamiento armónico. Lo mismo ocurre en muchas tradiciones orales: aborígenes australianos, chamánicos siberianos, ciertos cánticos sufíes. Aquí, el concepto de “tonos” se diluye. No hay progresiones armónicas. No hay tónica ni dominante. Hay un centro tonal, sí, pero no se mide por cantidad. Se mide por intensidad, por repetición, por énfasis. Es un poco como mirar una estrella en la noche: no necesitas más luces para entender que es el punto de fijación. En estas músicas, el timbre y el ritmo importan más que la armonía. Y honestamente, no está claro que el oído occidental esté entrenado para apreciarlas del todo.

La música minimalista y el uso restringido de tonos

En el siglo XX, compositores como Steve Reich o Philip Glass volvieron a explorar la repetición y la escasez armónica. En Music for 18 Musicians, por ejemplo, Reich gira alrededor de una progresión de once acordes, pero muchos de los instrumentos solo tocan uno o dos tonos. El efecto es hipnótico. Los tonos individuales pierden su identidad y se vuelven textura. Aquí, la pregunta “¿cuántos tonos tiene una canción?” ya no aplica como conteo. Es más bien una cuestión de densidad espectral. Como cuando miras una pintura de Monet desde lejos: no cuentas los píxeles, sino que sientes la atmura.

Sistemas microtonales: más allá de los doce

Y si doce no es suficiente, ¿cuántos podrían ser? En 1926, el compositor ruso Ivan Wyschnegradsky trabajó con escalas de 19, 31 o incluso 72 tonos por octava. Treinta y un tonos, por ejemplo, permite tener quintas casi puras y también tercera justas. Es técnicamente más preciso que el sistema temperado. Pero… ¿suena mejor? No necesariamente. El oído humano no está acostumbrado. Los instrumentos no están diseñados para eso. El piano tendría teclas como un erizo. Pero en instrumentos flexibles —voz, trombón, violín— es posible. En la música árabe, el maqam Bayati incluye un Re sostenido que está entre el Re# y el Re natural del piano. Ese tono no existe en el teclado. Pero existe en la emoción. Existe en la práctica. Y eso basta.

¿Cómo se escriben canciones con más de doce tonos?

Hay software que permite componer en 24, 36 o 72 tonos por octava. Programas como Scala o Max/MSP permiten afinaciones personalizadas. Pero el desafío no es técnico, sino perceptual. ¿Cuántos tonos puede distinguir un oyente medio? Estudios sugieren que, en condiciones controladas, puede diferenciar intervalos de 5 cents (1 cent = 1/100 de semitono). Pero en contexto musical, la resolución baja a unos 20-30 cents. Eso da, en teoría, unos 60 tonos discernibles por octava. Pero discernir no es disfrutar. La música no es solo precisión auditiva. Es significado. Es memoria. Es expectativa. Y si todos los tonos son nuevos, no hay tensión ni resolución. Es como un idioma que conoces, pero con palabras que nunca escuchaste. Puedes entender las letras, pero no el sentido.

¿Una canción puede tener infinitos tonos? El caso de la música continua

En teoría, sí. En la música electrónica, con sintetizadores analógicos o modulación continua de frecuencia, puedes deslizarte por un espectro sin saltos. Es lo que ocurre en los glissandos del theremin o en ciertos efectos de portamento. Pero el oído humano no procesa infinitos puntos. Lo percibe como movimiento, no como una lista de tonos. Es como decir que una línea tiene infinitos puntos. Cierto. Pero tú solo ves la línea. En ese sentido, preguntar “cuántos tonos” en una pieza con glissando es como preguntar cuántas gotas hay en una ola. No es una cantidad, es un flujo.

Preguntas Frecuentes

¿Todas las canciones occidentales usan doce tonos?

No. Muchas usan solo siete —los de la escala mayor o menor. Otras, como el jazz, pueden usar alteraciones que sugieren microtonos, aunque no siempre se ejecuten con precisión. Y hay piezas atonales, como las de Schoenberg, que usan los doce tonos, pero no jerárquicamente. Hay también canciones pop que rotan sobre tres o cuatro acordes —es decir, sobre un subconjunto muy pequeño de tonos. No se requiere usar los doce. Se requiere usar el sistema.

¿Se puede cantar en microtonos sin entrenamiento?

La gente no piensa suficiente en esto: todos los hablantes nativos de árabe o hindi cantan microtonos naturalmente. Así como nosotros decimos “sí” con una entonación específica, ellos usan matices tonales que no están en el piano. El cuerpo humano es capaz. El problema es el oído entrenado para ignorarlos. Si creciste con el piano, tu cerebro redondea los tonos al semitono más cercano. Como un filtro automático. Romperlo requiere escucha activa. Y paciencia.

¿Por qué el sistema de doce tonos se impuso globalmente?

Colonización cultural, tecnología y comercio. El piano se exportó. El conservatorio europeo se volvió modelo. Hollywood difundió armonías occidentales. No fue por superioridad musical. Fue por poder. Y aun así, resistencias persisten. La música qawwali pakistaní, el raga indio, el flamenco andaluz —todos desafían el temperamento igual, aunque sea con sutileza.

Veredicto

No hay un número correcto. No hay un número universal. Una canción puede tener un tono, doce, veintidós, o una infinidad potencial. Lo que define su riqueza no es la cantidad, sino el uso intencional. Encuentro esto sobrevalorado: la obsesión por el conteo. Como si la música fuera una ecuación. La emoción no está en cuántos tonos, sino en cómo se los habita. Un solo acorde puede ser devastador (piensa en el opening de “A Hard Day’s Night”). Un microtono puede romper el alma (escucha a Umm Kulthum). Y es que, al final, no es sobre matemáticas. Es sobre humanidad. El sistema de doce tonos es útil. Pero no es la verdad. Ni siquiera es la norma. Es una tradición. Y estamos lejos de eso de que todo lo demás sea error. La música es más ancha que su teoría. Siempre lo ha sido. Siempre lo será. Dicho esto, si estás componiendo para piano, probablemente te quedes con los doce. Y basta decir: no hay nada de malo en eso.