Yo no creo que todos ellos merezcan el mismo nivel de atención técnica. Algunos son ingenierías impresionantes; otros, simples marionetas con buen marketing. Pero tú, como lector, mereces saber por qué cada uno está en esta lista. No porque lo diga un algoritmo, sino porque —de una forma u otra— han moldeado cómo vemos a las máquinas que nos rodean. Y honestamente, no está claro si eso es bueno o malo.
El legado de los robots: más allá de los tornillos y circuitos
Un robot no necesita caminar sobre dos piernas ni hablar con voz metálica para ser relevante. El problema persiste: muchos aún piensan en ellos como personajes de ciencia ficción, cuando la realidad es mucho más silenciosa, más sutil. Los primeros prototipos modernos surgieron en los años 50, con Unimate, el primer robot industrial comercializado en 1961, programado para manejar piezas fundidas en una fábrica de General Motors. Pesaba más de 800 kilos y se movía con una lentitud que hoy nos parecería cómica. Pero eso lo cambia todo: fue el inicio de una transformación que aún no hemos terminado de entender.
Los datos aún escasean sobre el impacto emocional que causaron esas primeras máquinas. Pero lo que sí sabemos es que, con el tiempo, los robots dejaron de ser herramientas para convertirse en personajes. Un salto psicológico gigantesco. Porque cuando empezamos a nombrar a una máquina, cuando le atribuimos intención o personalidad, ya no es solo tecnología —es narrativa.
¿Qué define a un robot famoso?
No es solo su funcionalidad. Ni su capacidad de aprendizaje. La fama depende de visibilidad, contexto histórico y, a menudo, de una buena dosis de suerte. Un robot puede ser revolucionario y pasar desapercibido. Otro, con capacidades limitadas, puede volverse viral por aparecer en un video de YouTube o en una película de bajo presupuesto. La popularidad no siempre refleja el avance técnico. Un ejemplo: AIBO, el perro robótico de Sony, vendió 150.000 unidades entre 1999 y 2006, y ahora es coleccionable, aunque su inteligencia artificial era rudimentaria comparada con lo que tenemos hoy.
¿Significa eso que fue un fracaso? No necesariamente. A veces, el valor está en abrir camino.
¿Ficción o realidad? La delgada línea que muchos confunden
La gente no piensa suficiente en esto: algunos de los robots más “famosos” nunca existieron fuera de los estudios de cine. Y eso no les resta influencia. Al contrario. Han moldeado expectativas, diseñado sueños tecnológicos, incluso guiado investigaciones reales. Cuando los científicos del MIT desarrollaron Cog en los años 90 —un robot humanoide experimental— muchos lo compararon con Data, de Star Trek, aunque Cog apenas podía seguir tu rostro con la cámara. Pero porque lo imaginábamos como un futuro posible, lo vimos más avanzado de lo que era. La percepción, en este campo, pesa más que los datos duros.
R2-D2: el héroe que no necesita hablar para liderar
Pequeño, redondo, con pitidos y luces intermitentes. R2-D2 es, probablemente, el robot más querido del mundo. Y no porque tenga brazos retráctiles o una interfaz de red avanzada (aunque las tiene). Lo es porque, de alguna manera, representa lo que todos querríamos ser: leal, valiente, siempre un paso por delante. Y está en todas partes. Apareció en nueve películas principales de Star Wars, desde 1977 hasta 2019, lo que significa más de cuatro décadas de presencia continua en la cultura pop. Su diseño, obra de Ralph McQuarrie y diseñado físicamente por Tony Dyson, costó menos de 30.000 dólares en su momento —una bagatela para lo que generó en merchandising: más de 200 millones de dólares solo en juguetes entre 1999 y 2005.
Y es exactamente ahí donde hay que detenerse: este robot no existe. Nunca lo ha hecho. Pero su influencia es tangible. Ingenieros de la NASA han admitido que algunos prototipos de robots espaciales fueron inspirados en él. El Astrobee, por ejemplo, un robot flotante usado en la Estación Espacial Internacional desde 2018, tiene una función similar: almacenar datos, navegar de forma autónoma, ayudar a los astronautas. Dicho esto, Astrobee no salva planetas ni hackea sistemas imperiales. Pero basta decir que sin R2-D2, quizás ni siquiera lo habrían concebido.
¿Es un robot realista? No. ¿Es importante? Absolutamente.
ASIMO: el niño prodigio de Honda que creció demasiado rápido
Honda lanzó ASIMO en 2000 con una promesa silenciosa: este sería el primer robot humanoide verdaderamente útil en entornos urbanos. Podía subir escaleras, reconocer voces, evitar obstáculos. En 2011, incluso saludó al presidente Obama en la Casa Blanca. Pesaba 48 kilos, medía 130 centímetros y costaba alrededor de 2 millones de dólares por unidad. Pero su desarrollo duró más de 28 años, desde que Honda comenzó la investigación en 1986. La paciencia en la ingeniería japonesa tiene un costo, y en este caso, también un límite.
ASIMO fue retirado en 2018. No por fallos técnicos graves, sino porque no encontró un mercado real. Nadie estaba dispuesto a pagar dos millones por un robot que servía café pero no limpiaba el piso ni cuidaba a un anciano de forma efectiva. Su reemplazo no fue otro humanoide, sino robots más simples enfocados en tareas específicas: logística, asistencia médica, transporte. Como resultado: el sueño del robot compañero se desinfló. No era que no pudiéramos construirlo, sino que no sabíamos qué hacer con él.
Spot de Boston Dynamics: el perro que da miedo… y vende
Spot camina. Corre. Abre puertas. Se levanta solo si lo empujas. Y su diseño, biónico y casi animal, inquieta. Porque no parece una máquina: parece una criatura. Lanzado en 2019, cuesta 74.500 dólares, y ha sido usado en minas en Canadá, plantas nucleares en Japón y hasta en inspecciones de seguridad en Singapur. Puede operar 90 minutos con una carga y soportar temperaturas de -20°C a 45°C. Pero lo que lo hace famoso no es su ficha técnica, sino sus videos promocionales. Uno, de 2020, muestra a cinco Spots patrullando un parque en Singapur para monitorear distanciamiento social durante la pandemia. Las redes estallaron. Algunos lo celebraron. Otros, horrorizados, lo compararon con escenas de Black Mirror.
Y es justo esa ambivalencia la que lo convierte en un fenómeno. No es un ayudante; es un símbolo. El problema persiste: mientras más “vivo” se siente un robot, más desconfiamos de él. Pero Boston Dynamics no se detiene. En 2023, comenzó a alquilar Spot por 950 dólares diarios. Una jugada brillante: no vendes el producto, vendes la experiencia. Y así, el miedo se convierte en ingreso.
Optimus de Tesla: el robot que aún no funciona… pero todos conocen
Presentado en 2021 por Elon Musk, Optimus (o Tesla Bot) prometía revolucionar el hogar. Caminaría entre humanos, cocinaría, limpiaría, cargaría cajas. Pero el prototipo mostrado en 2022 apenas podía moverse sin ayuda. En 2023, avanzó: caminaba lento, con pasos inestables, pero autónomamente. Musk asegura que costará “menos de un automóvil”, quizás unos 20.000 dólares, y que llegará al mercado en 5 a 10 años. Los expertos no se ponen de acuerdo: algunos ven potencial en su integración con la IA de Tesla. Otros creen que es pura fanfarria. Optimus es menos un robot y más una apuesta de marketing sobre el futuro.
Y eso no es necesariamente malo. En tecnología, a veces la visión precede a la realidad. Pero también puede distorsionarla.
Preguntas frecuentes
¿Cuál fue el primer robot humanoide de la historia?
El término “robot” apareció en 1920, en la obra R.U.R. de Karel Čapek. Pero el primer autómata similar a un humanoide moderno fue creado por el ingeniero japonés Ichiro Kato, quien en 1973 presentó WABOT-1, un robot capaz de caminar, mover brazos y comunicarse en japonés rudimentario. No era famoso, pero fue pionero. La mayoría de los humanoides actuales descienden, en línea directa, de ese experimento.
¿Qué robot real es más parecido a los de las películas?
Ameca, creado por Engineered Arts en 2021, es el más expresivo. Su rostro puede mostrar emociones complejas: duda, sorpresa, incluso aburrimiento. Pero no camina. Sirve para investigación de interacción humano-robot. Y aunque no parece práctico, su valor está en lo incómodo: nos obliga a preguntarnos hasta dónde queremos que las máquinas se parezcan a nosotros.
¿Los robots famosos son realmente útiles o solo espectáculo?
Algunos son útiles. Otros, no. Pero utilidad no es lo único que importa. Un robot como R2-D2 no ha salvado vidas, pero ha inspirado a generaciones de ingenieros. Y a veces, eso lo cambia todo.
Veredicto
Estamos lejos de tener robots domésticos como en las películas. Pero eso no impide que algunos hayan logrado trascender. R2-D2 es mito. ASIMO fue un noble fracaso. Spot genera debate. Optimus es promesa sin pruebas. Y hay cientos más, menos conocidos, que trabajan en silencio, sin cámaras, sin aplausos. La fama no mide el progreso tecnológico; mide nuestra fascinación por lo que aún no entendemos. Y tal vez, encontrar esto sobrevalorado sea justo lo que necesitamos para avanzar con los pies en la tierra. Porque la próxima gran máquina quizás no será un perro mecánico ni un droide astromecánico, sino algo tan discreto que ni siquiera notaremos que está allí. Y entonces, cuando ya dependamos de él, preguntaremos: ¿dónde estaba antes? Como si siempre hubiera formado parte del paisaje. Porque eso, al final, es lo que hacen los verdaderos revolucionarios: no anuncian su llegada, simplemente llegan.