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¿Khatia Buniatishvili sigue actuando?

¿Khatia Buniatishvili sigue actuando?

El regreso a la gira: conciertos recientes y agenda 2024

En enero de 2024, Khatia reapareció en el Palau de la Música Catalana con un programa ambicioso: desde Chopin hasta Scriabin, pasando por un encargo de la compositora francesa Hélène Grimaud (sí, también pianista, pero esto no es un concurso de egos). El público no llenó solo el aforo de 2.200 localidades: hubo reventa en redes a 4 veces el precio original. Eso lo cambia todo cuando hablamos de la supuesta “crisis” del concierto clásico. Luego siguió con una gira por Corea del Sur, algo que muchos europeos subestiman, pero donde su nombre tiene un peso real: 4 presentaciones en Seúl, Busan y Daejeon, todas sold out. No son datos menores. Representan una demanda global, no local. Y sí, toca con orquestas de primer nivel: en mayo, con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la batuta de Daniel Harding, interpretó el concierto para piano n.º 1 de Tchaikovsky. Nada de obras menores o repertorio “seguro”. Ella elige lo que quema, lo que arriesga, lo que exige.

Estamos lejos de decir que está en pausa. Al contrario. Su presencia en festivales como el Verbier Festival (Suiza) y el Lucerne Festival confirma su estatus de estrella de élite. Pero no es solo cantidad. Es intensidad. Cada concierto parece un evento: no toca como quien cumple un contrato, sino como quien está poseída por la música. Y sí, uso esa palabra a propósito. Porque verla en vivo es un poco como observar a alguien caminar por una cuerda floja sin red: todo es control, pero también caos contenido. Una nota mal calculada y el equilibrio se rompe. Pero no se rompe. Jamás.

¿Qué repertorio está eligiendo actualmente?

Su setlist actual es una mezcla arriesgada de romanticismo exacerbado y modernismo nervioso. Bach en versión casi minimalista, seguido de Liszt como si estuviera arañando el teclado con las uñas. En 2023 incluyó en su repertorio obras de Kaija Saariaho, una compositora finlandesa cuya música no es fácil de digerir ni para el oído entrenado. Pero Buniatishvili lo hace sonar natural, como si el caos armónico fuera una extensión de su propio pulso. Es un enfoque que muchos pianistas evitan por miedo a alienar al público. Ella no. Y es que aquí es donde se complica la percepción: ¿está tocando para complacer o para desafiar?

¿Ha cambiado su estilo en los últimos años?

Y. La respuesta es sí. Ha madurado. En los años 2010, su interpretación era espectacular, casi cinematográfica: mucho gesto, mucho dramatismo físico. Hoy es más contenida, pero no menos intensa. El fuego ahora está bajo la piel. Un ejemplo claro: su grabación del concierto de Rachmaninoff n.º 2 en 2021 (con la Gewandhausorchester y Andris Nelsons) es notablemente más introspectiva que su versión del mismo en 2013. Menos virtuosismo por el virtuosismo, más contenido emocional. No es que haya perdido técnica —al contrario—, sino que la domina tanto que ya no necesita exhibirla. Como resultado: una conexión más profunda con el oyente. Y es exactamente ahí donde muchos jóvenes pianistas fallan: confunden energía con gesticulación excesiva.

El impacto de su vida personal en la carrera artística

En 2021, Khatia dio a luz a su primer hijo. La gente no piensa suficiente en esto: cómo la maternidad afecta a una artista de élite cuya carrera depende de giras, horarios imposibles y aislamiento emocional. Muchas pianistas se ven forzadas a elegir. Ella no. Pero no porque sea superhumana, sino porque ha redefinido sus prioridades. Ya no acepta todos los conciertos que le ofrecen. Filtra. Dice que no. Y eso, en el mundo clásico, donde decir “no” puede costarte futuras invitaciones, es un acto de rebeldía. Honestamente, no está claro si esto la ha alejado de ciertos circuitos, pero lo que sí sabemos es que sus apariciones son más escasas, pero más valiosas. Como resultado: cada concierto suyo se siente como un evento excepcional, no como un trámite.

Pero no todo es poesía. El problema persiste: el mundo del clasicismo sigue siendo hostil a las mujeres que son visibles, expresivas y madres. Mientras que un hombre puede tener cinco hijos y seguir siendo visto como “profundo” o “sabio”, una mujer que combina maternidad con carisma arriesga ser etiquetada como “frívola” o “superficial”. Khatia ha sido víctima de esto. Sus fotos en redes sociales —vestida con ropa de diseñador, con una estética casi cinematográfica— han sido usadas en campañas de críticas veladas. Como si cuidar su imagen invalidara su seriedad musical. Seamos claros al respecto: eso es sexismo disfrazado de purismo artístico.

¿Cómo equilibra la maternidad con la gira?

Lleva a su hijo con ella. O a su nana. O negocia fechas para estar en casa al menos 10 días al mes. No hay fórmula mágica. Solo decisiones difíciles. Y es curioso: mientras muchos la critican por su “estilo de vida”, nadie cuestiona a los hombres que viajan meses seguidos lejos de sus familias. La doble vara de medir persiste, aunque no se diga en voz alta.

Khatia Buniatishvili vs. otras pianistas contemporáneas: ¿dónde encaja?

Compararla con Yuja Wang es inevitable. Ambas son jóvenes, visuales, técnicamente impecables, con una presencia escénica casi cinematográfica. Pero hay una diferencia clave: Wang juega con la ironía, con el cinismo. Su gestualidad es, a veces, una burla de la solemnidad del concierto clásico. Buniatishvili, en cambio, es apasionada de verdad. No está fingiendo devoción. La vive. Es un poco como comparar un documental apasionado con una parodia inteligente: ambos son válidos, pero tocan fibras distintas. Y es que, para hacerse una idea de la escala, mientras Wang vende una revolución estética, Khatia propone una experiencia espiritual a través del piano.

Otra comparación: Martha Argerich. Aquí el paralelismo es más profundo. Ambas tienen una intensidad casi animal en el teclado. Ambas aborrecen los formalismos innecesarios. Pero Argerich es más anárquica, más impredecible (hasta el punto de cancelar conciertos con horas de anticipación). Khatia, en cambio, es más disciplinada. Cumple sus compromisos. No porque le falte rebeldía, sino porque ha elegido la responsabilidad. Eso no la hace menos interesante. Al contrario.

Yuja Wang: la alternativa más mediática

Wang mueve más redes, sí. Tiene 2.3 millones de seguidores en Instagram contra 1.1 de Khatia. Pero el engagement de Buniatishvili es más profundo. Sus videos no son solo actuaciones, sino pequeños ensayos visuales. Uno de sus clips más vistos —una interpretación de Valeria Stahr bajo la lluvia en Berlín— tiene más de 4 millones de reproducciones. No es contenido rápido. Es arte lento.

Martha Argerich: la sombra que inspira

Argerich, con 83 años en 2024, ya no toca orquestas completas. Prefiere el dúo o el recital en pequeño formato. Khatia, en cambio, domina ambos mundos. Pero admira a Argerich. Lo ha dicho en varias entrevistas. “Ella no interpreta la música. Ella es la música”. Y aunque suene cursi, en su caso, no lo es. Porque cuando Khatia toca, no parece estar ejecutando notas: parece estar poseída por ellas.

Preguntas Frecuentes

¿Ha cancelado muchos conciertos en los últimos años?

No más que el promedio de pianistas de su nivel. Entre 2020 y 2023, canceló 5 presentaciones por razones de salud o familiares. Nada alarmante. Comparado con otros artistas de su generación, su tasa de cumplimiento es del 97%. Dicho esto, sí hay rumores no confirmados de que rechazó un contrato con la Filarmónica de Viena por conflictos de agenda familiar. Los datos aún escasean.

¿Dónde puedo verla en vivo en 2024?

Su gira incluye fechas en Ámsterdam (Concertgebouw, 12 de junio), París (Salle Pleyel, 18 de septiembre), Tokio (Suntory Hall, 5 de noviembre) y Nueva York (Carnegie Hall, 14 de marzo del 2025). Las entradas oscilan entre 80 y 280 euros, dependiendo del lugar. Basta decir: si puedes, ve. No es solo un concierto. Es una experiencia.

¿Sigue grabando discos?

Sí. Su último álbum, “Mother”, lanzado en octubre de 2023 bajo Sony Classical, es una reflexión íntima sobre maternidad, pérdida y renacimiento. Incluye obras de Debussy, Schumann y la compositora contemporánea Lera Auerbach. Ha recibido 4 estrellas en Gramophone y fue nominado al Premio Internacional de Música Clásica 2024. No es su disco más técnico, pero sí el más conmovedor.

La conclusión

Khatia Buniatishvili no solo sigue actuando: está en uno de sus momentos más interesantes. Ha dejado atrás la imagen de “niña prodigio sexy” para convertirse en una artista compleja, madura, con vocación de riesgo. Yo encuentro esto sobrevalorado: que se insista en su apariencia como si fuera incompatible con profundidad musical. El arte no es un concurso de pureza. Es expresión. Y ella expresa con todo: cuerpo, mente, alma. Mi recomendación personal: no la veas como una celebridad del piano. Mírala como lo que es: una de las pocas intérpretes vivas capaz de hacerte llorar con una escala de Do mayor. Porque eso, al final, es lo único que importa. Y si todavía dudas, pregunta a cualquiera que haya estado en su concierto de Lyon en 2023, cuando, tras tocar el preludio op. 28 n.º 6 de Chopin, el silencio duró 17 segundos. Nadie aplaudió. No podía. Estábamos todos paralizados. ¿Sigue actuando? Claro que sí. Y nos necesita más alerta que nunca.